24.12.11

Dos imposibilidades y un encuentro (también imposible)

Primera imposibilidad: Winkel

Por fin, un día, en el terrible año de 2001, estuve solo en Johannisberg, con algo de tiempo por delante. Eran casi las cinco de la tarde, pero confiaba en poder hacer la deseada incursión a Winkel, a orillas del Rin, y quizás un poco más allá. Encaré los dos kilómetros por la ruta, decidido. Era el camino hecho mil veces, todas las mañanas, con el auto. Y de vuelta a la noche, en plena oscuridad. Pero esta vez, a pie, la cosa se ponía difícil. Mucho pasto y algo de barro, nada muy sólido. No hay propiamente banquina, sino la franja, irregular en ancho y altura, que van dejando las viñas, más o menos a su capricho. (Un par de años después, descubriría que era mucho mejor bajar a través de los viñedos, aunque tardara más.)


(Seguir leyendo)