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8.7.12

Captcha Poemas

22.6.12

Poema involuntario

> Hello Friend,
> How are you doing,
> i will like us to be good friends,
> a trustful friend who
> i will share my relationship with,
> i will be happy to hear
> from you soonest because
> i have something important
> to share with you,
> have a lovely day...
> Ms Alini.




24.2.12

Hablando de poesía con el recaudador de impuestos


de Vladimir Maiacovsky

Ciudadano inspector, 
perdone la molestia. 
Gracias, 
no se preocupe, 
me quedaré de pie. 
Quiero tratar 
un asunto bastante delicado: 
qué sitio ha de ocupar 
el poeta 
en las filas obreras. 
Igual que los que tienen 
tiendas y terrenos 
también yo debo pagar 
impuestos. 
Usted me pide 
quinientos al semestre 
más veinticinco 
por no declarar a tiempo. 
Mi trabajo 
es igual 
a cualquier otro. 
Mire 
cuántas pérdidas, 
cuántos gastos 
invierto en materiales. 
Usted sabe 
naturalmente 
eso que llaman rima. 
Si la primera línea 
termina en "ajo" 
entonces, la tercera, 
repitiendo las sílabas 
debe poner 
algo así 
como "cascajo". 
Si utilizo su lenguaje 
la rima es un cheque, 
hay que cobrarlo alternando los versos 
y buscas 
con detalle sufijos y prefijos 
en el cofre vacío 
de las declinaciones, 
de las conjugaciones. 
Coges una palabra 
y quieres meterla en la estrofa 
pero si no entra 
y aprietas, 
se rompe. 
Ciudadano inspector: 
le juro 
que el poeta paga caras 
las palabras. 
Hablando mi lenguaje 
la rima es un barril 
de dinamita, 
y la estrofa es la mecha. 
La estrofa se consume, 
y estalla la rima, 
y por el aire y la ciudad 
la estrofa 
vuela. 
¿Dónde hallar, 
y a qué precio, 
rimas que estallen 
y de golpe maten? 
Quizá sólo sean 
cinco las rimas 
increíbles 
y sin estrenar, perdidas 
más allá 
de Venezuela. 
Me voy a buscarlas, 
haga frío, haga calor, 
atado por anticipos, préstamos y deudas. 
Ciudadano, 
tenga en cuenta 
el pago de los viajes. 
La poesía 
toda 
es un viaje a lo desconocido. 
La poesía 
es como la extracción del radio 
-Un año de trabajo 
para sacar un gramo. 
Sacar una sola palabra 
entre miles de toneladas 
de materia prima verbal. 
Pero ¡qué ardiente 
el calor de estas palabras 
comparado 
con la humeante 
palabra bruta! 
Esas palabras 
mueven 
millares de años, 
millares de corazones. 
Claro 
que hay poetas 
de distinta calidad. 
Muchos 
de hábil mano, 
como prestidigitador, 
sueltan estrofas de la boca, 
suyas y de otros. 
Y para qué hablar 
de los castrados líricos. 
Meten un verso ajeno 
y están felices. 
Eso es 
robo y despilfarro 
uno más entre los que azotan el país. 
Esos 
versos y odas 
aplaudidos 
hasta la saciedad 
entrarán en la historia 
como gastos accesorios 
de lo hecho 
por dos o tres buenos versos 
de nosotros. 
Muchos kilos de sal 
habrás de comer 
como suele decirse, 
y fumar cien cigarrillos 
hasta 
sacar 
la palabra preciosa 
de las honduras artesianas 
de la humanidad. 
Rebaje por eso 
los impuestos, 
quítele 
una rueda 
a los ceros. 
Uno noventa 
cuestan cien cigarrillos. 
Uno sesenta 
la arroba de sal. 
Demasiadas preguntas 
su formulario tiene: 
¿Ha viajado 
o no ha viajado? 
Y si le respondo 
que en estos quince años 
he reventado 
decenas de Pegasos, 
¿qué? 
Póngase usted 
en mi sitio, 
piense en el servicio 
y propiedades. 
¿Qué ha de contestarme 
si le digo que soy 
caudillo popular 
y al mismo tiempo 
trabajo a su servicio? 
La clase obrera 
vibra en nuestras palabras, 
somos proletarios 
motores de la pluma. 
La máquina 
del alma 
se gasta con los años. 
Dicen entonces: 
estás gastado, 
fuera. 
Cada vez amas menos, 
te arriesgas menos 
y mi frente 
desgastada 
por el tiempo no arremete. 
Entonces llega 
el desgaste mayor, 
el desgaste 
del alma, del corazón. 
Y cuando 
este sol, 
grande y redondo 
se alce 
en el futuro 
sin lisiados ni tullidos, 
ya me habré 
podrido, 
muerto en una cuneta 
junto 
a decenas 
de mis colegas. 
Hago 
mi balance final. Afirmo, 
y no miento: 
entre los vividores 
y actuales fulleros 
seré 
el único 
con deudas impagables. 
Nuestra deuda 
es aullar 
como sirenas de bronce, 
entre la niebla filistea 
y el fragor de la tormenta. 
El poeta 
siempre adeuda al universo, 
paga con su dolor 
las multas, 
los impuestos. 
Adeudo 
las calles de Broadway, 
los cielos de Bagdad, 
el ejército rojo, 
los jardines de cerezos del Japón, 
todo aquello 
sobre lo que aún 
no pude cantar. 
Al fin y al cabo,
¿para qué 
tanto jaleo? 
¿Para disparar rimas 
y atronar con el ritmo? 
La palabra del poeta 
es su resurrección, 
su inmortalidad, 
ciudadano inspector. 
Dentro de cien años, 
en un pliego de papel 
cogerán una estrofa 
y resucitarán este tiempo 
Y ese día 
surgirá 
con fulgor de asombros, 
y olor a tinta 
le envolverá en su vaho, 
señor inspector. 
Usted, habitante convencido 
del día de hoy 
saque en el Comisariado de Caminos 
un pasaje para la eternidad, 
calcule 
el efecto de mis versos, 
divida 
mi salario 
en trescientos años. 
Mas la fuerza del poeta 
no estriba 
en que le recuerden a usted en el futuro 
y se asusten. 
No. 
Hoy 
la rima del poeta 
es caricia también, 
consigna, 
látigo, 
bayoneta. 
Ciudadano inspector, 
pagaré cinco 
quitando los ceros que van detrás. 
Por derecho 
yo 
reclamo un hueco 
entre las filas 
de los obreros 
y campesinos más pobres. 
Y si usted piensa 
que todo consiste 
en saber utilizar 
palabras ajenas, 
entonces, camaradas, 
aquí tienen mi pluma, 
y escriban 
ustedes 
cuanto quieran.


(traductor desconocido; agradecería información al respecto)


22.10.11

Balada de las cosas sin importancia



de Francois Villon


Reconozco sin dificultad las moscas en la leche;
reconozco al hombre por el vestido;
reconozco el buen tiempo y el malo;
reconozco la manzana en el manzano;
reconozco el árbol al ver la resina;
conozco cuándo es todo igual;
conozco quién trabaja o descansa;
conozco todo, excepto a mí mismo.

Reconozco el jubón por el cuello;
reconozco al monje por el hábito;
reconozco al señor por el vasallo;
reconozco por el velo a la monja;
reconozco cuándo un tramposo habla en su jerga;
reconozco al loco alimentado de nata;
reconozco el vino por el tonel;
conozco todo, excepto a mí mismo.

Conozco al caballo y a la mula,
conozco su carga y su fardo;
conozco a Beatriz y a Isabelita;
conozco la ficha que se cuenta y suma;
reconozco la visión y el sueño;
conozco el pecado de los bohemios;
conozco el poder de Roma;
conozco todo, excepto a mí mismo.

Príncipe, en definitiva, lo conozco todo;
conozco a los de buen color y a los pálidos;
conozco a la Muerte que todo lo consume,
conozco todo, excepto a mí mismo.



(Traducción de Carlos Alvar)


13.10.11

Todos los fuegos: Vida nublada


por Silvia Tombesi

Ay, la carrera que no fue, en la que no me consagré. Ah, bueno, está la enseñanza. Ay, no, ya no enseño nada, ni lo elemental de lo e...

18.1.10

El amor

de Elvio Romero

Sí,
hoy me he puesto a encender el viejo fuego.

El azar y los años
me han llevado a pisar en el sendero
que me ha impuesto el amor;
que mi adorada
impuso a mi corazón; ahora vuelvo
al fervor inicial, a esa primera mañana
en que el sol se ha instalado en nuestro pecho.

Y así las cosas:
la canción, la plenitud, el deseo
me han alumbrado el rostro, se me han ceñido
como un pañuelo verde sobre el cuello,
y entro en la casa del fervor como antaño,
asombrándome al ver reverdecer los sueños.

Es como si hubiesen atizado
a mi sangre el verano, la intemperie, los vientos
cordilleranos, o inundando sus cauces
un enérgico brío de panales repletos,
los brazos encendidos al apretar sus brazos,
las dos manos cargadas de un esplendor secreto.

Sí,
porque mi corazón no descansa en la noche,
hoy me he puesto a encender el viejo fuego.

30.10.09

"La noche oscura hace una incursión"

(fragm.)

Difíciles de descubrir son
los alados vertebrados de la prehistoria,
almacenados entre tablillas de pizarra.
Pero si veo ante mí la nervadura
de mi vida pasada, en una imagen,
pienso siempre
que tiene algo que ver con la verdad.
El cerebro trabaja de continuo
con algunas huellas, por débiles
que sean, de autoorganización,
... y a veces de ello surge
un orden, en algunos aspectos hermoso
y tranquilizador, pero más cruel también
que el anterior estado de ignorancia.
¿Hasta dónde retroceder
para encontrar el comienzo?

W. G. Sebald, Del Natural

(gracias a Liliana Cordovero)

22.10.09

Che

Humberto Costantini

A lo mejor está debajo de la alfombra.
A lo mejor nos mira de adentro del ropero.
A lo mejor ese color habano es una seña.
A lo mejor ese pez colorado es guerrillero.
Yo juro haberlo visto de gato en las azoteas.
Y yo corriendo por los hilos del teléfono.
Señor, ¿Ha revisado bien adentro de su cama?
Oh, John ¿Qué es esa barba que asoma en tu chaleco?
Debiéramos filtrar todas las aguas de los ríos.
Lavar todas las caras de los negros.
Picar la cordillera de Los Andes.
Poner a Sur América en un termo.
Dicen que en Venezuela montaba una guitarra.
Que en Buenos Aires entraba en bandoneones y
Discépolos.
Que en Uruguay punteaba una milonga con el Diablo.
Y en el Brasil vestido de caboclo bajaba a los terreiros.
Pero si ayer nomás saltó en Santo Domingo.
Si en Colombia era cumbia de los filibusteros.
Si lo vi esta mañana con su risa terrible,
soltándole los duendes al espejo.
A mí casi me mata la otra noche,
se subió con un millón de sátiros al sueño.
Ese lío en Bolivia es cosa suya.
Y esos ladridos en la noche no son perros.
Y esa sombra que pasa, ¿Por qué pasa?
Y no me gustan nada esos berridos junto al pecho.
A lo mejor está en la pampa y es graznido.
A lo mejor está en la calle y es el viento.
A lo mejor es una fiebre que no cura,
A lo mejor es rebelión y está viniendo.

(del blog de Sergio Fombona)