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11.3.11

DV

ADIOS
El Negro Fontanarrosa solía contar que su primer enganche con la literatura argentina fue a través de David Viñas. “Los personajes de sus novelas hablaban como mi viejo, no hablaban de tú. Y puteaban”, decía. Guillermo Saccomanno no sabía si quedarse con su producción ensayística y crítica o con su narrativa, aunque siempre volvía sobre su narrativa, y José Pablo Feinmann no dudaba en decir “mi modelo fue David Viñas, un tipo de intelectual sartreano que escribía ensayos, novelas y obras de teatro”. Apenas unas pinceladas sobre Viñas, el Viñas que ayer dijo adiós.


(pirulo de tapa de Página/12)







Con gran pesar el Departamento de Letras informa que ayer, alrededor de las 22 horas, murió David Viñas. En señal de duelo el Departamento permanecerá cerrado el día de hoy. Por decisión de familiares directos, sus restos restos serán velados en una ceremonia íntima en la localidad de Monte, Provincia de Buenos Aires. Colegas, amigos y discípulos preparan para el próximo sábado 12 de marzo, a las 17 horas, un acto público de homenaje en la Biblioteca Nacional.

21.10.10


31.8.10

Más sobre Fogwill

Habiendo pasado las primeras, flojas, necrológicas sobre Fogwill, es bueno no olvidarse del tipo y seguir leyendo cosas que valgan la pena.

No fue un maldito, por Beatriz Sarlo

Lo que deja un escritor, port Martín Kohan

Crecer de golpe, por Daniel Link
Vida y obra, por Daniel Link

El lobo herbívoro, por Quintín

Memoria de paso, por Daniel Guebel

Anecdotario de autor, de Guillermo Piro

(todas de Perfil)


Y del último Radar son todas buenas, pero la de Vera, su hija, es excelente, conmovedora, muy bien escrita, inquietante.

"La mejor literatura la hizo en las noches arrullándome para dormir, jamás –mientras me tocaba estar con él– me dormí sin un cuento de mi padre, jamás. Hasta de grande era capaz de meterse en mi cama a contarme un cuento, pese a que yo, dormida, me sobresaltaba y le decía: “¡Papá, ya estoy grande para cuentos!”, “¿Papá, estás drogado?”, “¡Papá, soy tu hija!, ¡Papá!”."

21.8.10

Viejo Fog

(Como rápido homenaje, transcribo un viejo post. No podria otra cosa, por ahora.)

La primera vez que vino J. J. Saer a Buenos Aires, por lo menos en la cúspide de su fama, fue a fines del 86. Me acuerdo porque fui a verlo al Rojas con una novia que yo tenía en ese momento. Daba una charla en la que participaban también Fogwill (todavía Rodolfo Enrique, creo), Libertella y un Alan Pauls aún joven.
La verdad es que fue para alquilar balcones. Quizás porque yo estaba con mis hormonas sexuales y literarias a pleno, pero la cuestión es que me acuerdo como si fuera ayer (y de ayer me acuerdo apenas).
Fogwill, siempre despatarrado y agresivo, arrancó bárbaro: “Qué raro es estar con Saer sin nadie de Punto de Vista en el medio.” Y leyó extraordinariamente el extraordinario poema “El fin de Higinio Gómez” (“Entró en el hotel al anochecer / en el mes de octubre, / ya a esa hora, en la glorieta de bulevar, entre el hotel / y la estación, va la luz del neón de los letreros / luminosos a horadar, complejamente, de un modo / suave, las glicinas...”); terminó diciendo: “Escribe bien el hombre.” A lo que Saer respondió: “Lee bien el hombre.”
En otro momento, Libertella dijo algo así como que necesitaba hacer una pregunta un poco estúpida; poco después, Fogwill intervino: “Voy a hacer una pregunta tipo Libertella, es decir, estúpida.” Ante la previsible pregunta sobre qué leía, Saer dio una lista de temas: sociología, antropología, historia. “¿Teoría literaria?”, le repreguntaron. “No ―despreciativamente, pero agregó enseguida―: Salvo que Barthes sea teoría literaria.” Ah.
Le preguntaron qué autores argentinos jóvenes le parecían buenos, y él respondió, también previsiblemente, que Alan Pauls, allí presente. Creo que también mencionó a Piglia, pero no me acuerdo bien de eso.
¿Qué más? Bueno, veo que no me acuerdo de tantas cosas. Ah, se habló de política, no me acuerdo a santo de qué, pero Saer mencionó a “gente inocente”, en tanto víctimas, supongo, y Fogwill enseguida le preguntó si realmente creía que había “gente inocente”. Saer reaccionó algo escandalizado: “Por supuesto que sí.”
Pero ya a esa altura se hablaban idiomas distintos.

Mis otros post sobre Fogwill.



29.5.10

In memoriam


¿Una vida intensa es un triunfo sobre la muerte?
No.
No para él, ya.
A lo sumo, una luz de esperanza para nosotros, los que apenas vivimos.

14.11.09

A LOS 82 AÑOS MURIO LEONIDAS LAMBORGHINI, UN HOMBRE QUE PARTIO AGUAS EN LAS LETRAS
Despedida para el big bang de la poesía argentina
Desde la publicación de El solicitante descolocado, Lamborghini fijó una expresión poética que fascinó a unos y descolocó a otros. Su imborrable carcajada impone un adiós desprovisto de solemnidades.

Nota de Silvina Friera.

(Me gustaría escribir algo propio y apropiado, pero no estoy bien ni de ánimo ni de salud. Leer a Leónidas fue, es y siempre será un placer y una convocatoria a la salud, al menos la literaria.)




7.11.09

Ford

A LOS 75 AÑOS, MURIO ANIBAL FORD

El hombre que pensó la comunicación

Cofundador de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la UBA, profesor, escritor, periodista, investigador, viajero incansable, Ford vivió ligado a toda forma de la cultura. Llegó por fuera del canon de la academia y dejó una marca indeleble.

Nota de Karina Micheletto en Página/12.

6.10.08

José Sazbón, in memoriam

"Alguna vez se lo escuchó en mesas redondas, que son nuestro género nacional, y si exageramos, nuestro mayor inmueble cultural, relacionar la economía del algodón en Marx con el tratamiento de las materias algodonosas como alegoría de la historia, tal como en asombroso análisis las entregaba Walter Benjamin. Sazbón fue un refinado erudito, que cumplía con lo que se espera del estadio mayor de la erudición. Porque la erudición no es otra cosa que una forma del tiempo. Antes de consumarla, se siente la angustia del dato que falta, lo que haría ruborizar si no se lo posee. Lukács decía de Weber que se hubiera sonrojado si no pudiese responder adecuadamente sobre algún remoto evento ocurrido durante lejanas dinastías chinas. Pero después, cuando hizo su tarea apremiante e infinita, la erudición lleva a la forma más exigente del ensayo. Así, antes y después de la erudición procedía y se hallaba Sazbón. No es fácil recordar un estilo de ese porte; entre nosotros quizás un Jorge B. Rivera, un Mercado Vera. Antes y después de la erudición se mostraba un mecanismo, se daba un evento intelectual de carácter diverso en cada caso. Primero la zozobra y luego la expansión. El lector que se adentró en la comparación de Sazbón entre Thompson y Anderson pudo reconocer el detallismo encarnado en una pasión inmemorial, la de saber con el microscopio en la mano, viendo las pasiones engarzadas en el tejido último de los razonamientos. Escribía entonces como quien apura una copa sin demora, hasta estar seguro que se llegaba al extremo de no fulgurar más ningún dato rebelde. Este apaciguamiento debía mostrar después su forma activa en la escritura, donde la manera calma y precisa, con ornamento exacto, se adueñaba de las arduas controversias de la cultura contemporánea. José Sazbón estuvo atento a toda la cultura contemporánea que desde las innumerables formas del marxismo trataron la crisis de la razón, el surgir de las epistemologías estructuralistas y la cuestión de las determinaciones, tema sobre el que, en recordada discusión, Sazbón se negó a aprobar un concepto de despedida que Oscar Terán había acuñado bajo el título de “Adiós a la última instancia”. No puede ser sino con nostalgia que recordamos todo esto. Es que adquiere otro sabor lo que alguna vez leímos de los escritos de un profesor filosófico que rememoramos por su obra, porque en cierto tiempo fuimos coetáneos de un pequeño evento de la plantilla de ocurrencias que extenuantemente nos rodean, porque lo consideramos nuestro contemporáneo en actos de lectura donde nunca sabemos cómo vacila nuestro juicio y cómo debe proceder la valoración. Pero un día leemos una necrológica, un aviso en los diarios destinado a la reseña, el respeto y la rememoración. Y así ese escrito –este u otro escrito de Sazbón– se transforma en una extraña materia que hace a nuestro imperceptible oficio. Lo leemos entonces bajo impulsos acabados y ante lo irrevocable que se deja en herencia."

(de la Gaceta de la Biblioteca Nacional)

29.8.04

27.4.04

In memoriam

Ayer falleció José Severino Croatto, uno de los más importantes especialistas bíblicos del mundo. Argentino. Autor de infinidad de libros. Vivía humildemente de la enseñanza (en el ISEDET) y por el estudio. Para Croatto, estudiar la Biblia era un (también humilde) camino de liberación para los pueblos oprimidos, sobre todo de América latina. Pude no estar de acuerdo, sin dejar de admirarlo.
Fue un lujo para mí conocerlo.
Cuento una estupidez. Hace un par de años fuimos juntos a la Feria de Frankfurt y, al fotografiarnos frente al stand de la editorial, le dije: "Para mí es como sacarme un foto con Roland Barthes." Él, que había aplicado (magistralmente) análisis barthesianos a los textos bíblicos, se sonrió, un poco avergonzado.
Queda dicho.



24.3.04

In memoriam, 24/3

Torturar a personas indefensas y pedir el retiro cuando se lo reprochan.
A esto llaman "honor" los militares argentinos.