13.4.14

Laclau






Es curioso, aunque entendible, que el teórico que escribió esa “biblia posmarxista” que fue Hegemonía y estrategia socialista haya pasado sus últimos años denostado por la derecha.
Recuerdo que Beatriz Sarlo usaba abundantemente ese material en sus clases de los ochenta, aunque no siempre citando la fuente. Prefería, entre otras, su propia versión post de Raymond Williams, y la dudosamente anarcoide de Foucault.
En aquel libro, publicado cuatro años antes de la caída del Muro de Berlín, Laclau partía del canon posestructuralista: la desaparición del sujeto revolucionario provenía de la muerte del sujeto tout court. Claro que él lo argumentaba de forma histórica, impecablemente, remontándose a los primeros debates al respecto, con el cadáver de Marx, por así decirlo, todavía fresco. Por ejemplo, en las diferencias entre obreros calificados y no calificados, que algunos teóricos socialdemócratas se atrevieron a plantear, en el filo de los siglos XIX y XX.
Algo de esta disputa resuena, por supuesto, en su graciosa controversia con Slavoj Zizek, en el apartado “Esperando a los marcianos”, de La razón populista, veinte años después (como los mosqueteros). Aquí, Ernesto insiste en reclamarle al esloveno que le diga, con toda claridad, quién es el sujeto revolucionario, hoy. Zizek sigue demorando su respuesta, ocupado entre película y película (tal vez sus sujetos revolucionarios son los personajes de John Carpenter).
Hegemonía… terminaba exhortando a llevar el liberalismo democrático a un estadio “radical”, en el que los diferentes “movimientos sociales” tendrían su auge en el reparto de nuevos derechos, dentro de una diversidad que el marxismo realmente existente no había permitido.
Sus trabajos sobre el poder y la representación pueden leerse (demasiado rápidamente, lo sé) como una transición hacia su teoría del populismo. En la representación decía, representante y representado se modificaban mutuamente, desde sus respectivos lugares y funciones. (Algo de Charles S. Peirce puede estar tallando acá; o sea, algo de Lacan).
Finalmente, la excomunión: La razón populista, insólito bést seller. Caída toda posibilidad de revolución, Laclau encuentra una salida transformadora en el populismo, definido de manera estructural y no sustancial. Aquellas reivindicaciones sectoriales, de las cuales el (neo)liberalismo no pareció muy inclinado a ocuparse, se convierten, más o menos, en las famosas demandas equivalenciales.
“Yo soy negro, yo soy puto, yo soy indio, yo soy mujer”, según reza un famoso afiche con fondo de arco iris.
Si dedicarse a la política es entregar el propio honor a los perros, Laclau parece haberlo hecho con total conciencia, y cierta ironía de base; agonal, como ahora, hoy, sabemos. Para Twitter que lo mira por tevé.