3.7.19

Ángeles torpes

(guion)

por PABLO VALLE


Sinopsis




(Es un policial cómico-costumbrista. Se basa en la novela homónima, publicada en 1995. Originalmente transcurría durante el menemismo —y esto era importante ideológicamente como fondo de la trama—; pero, para evitar costos de reconstrucción de época, puede obviarse esta localización temporal y trasladarlo a un presente indefinido. Si se deciera mantener la situación original, 1992-1994, digamos, se pueden intercalar algunas referencias por medio de periódicos o pantallas de televisión, pero tiene que ser de manera muy indirecta.)


Ángel Cadorna es un oficinista tímido, pusilánime, que alguna vez quiso ser escritor. Vive en una pensión de mala muerte en Buenos Aires y es hincha fanático un club de fútbol del Conurbano (como referencia, Chacarita).
Un día es despedido inesperadamente de su trabajo y decide vengarse matando a su jefe, Salvatori, responsable del despido (según un compañero metiche, el Mochila, que aparecerá muchas veces como trickster, aportando la cuota de comicidad). Para eso, contrata como intermediario al Gordo Ángel, un buscavidas ligado al club de fútbol, creyendo que es una especie de capomafia.
Luego de efectuada la transacción, Cadorna se arrepiente y empieza, por todos los medios, a intentar impedir el crimen. No le resulta nada fácil.
Por un lado, inicia una búsqueda desesperada del Gordo, a quien apenas conoce. En el trayecto, se topa con el Rubio, hijo de un directivo del club, y con Hormiga, jefe de la barra brava de Chacarita (que tendrán apariciones importantes después). Éste último lo ayuda indirectamente a localizar dónde vive el Gordo, una pensión mugrienta del barrio de San Martín.
También, conocerá a la hija del Gordo, Angélica, por quien se siente atraído.
Por el otro lado, queriendo evitar que su jefe pueda usar normalmente su auto, le “toca” algo del motor. Esto causa un accidente que lleva a Salvatori al hospital, malherido.
Cadorna encuentra por fin al Gordo y le pide que suspenda el contrato. El Gordo le dice que es muy difícil parar ahora al asesino, pero que lo va a intentar (por más plata). Mientras el Gordo supuestamente trata de contactar al profesional contratado, Cadorna va al hospital y cambia de habitación a Salvatori (dos veces), para despistar al asesino.
El Gordo aparece y dice que todo está solucionado; pero también aparece el Rubio, que dice ser el asesino. Los presiona para que le paguen más, a cambio de no matarlos a los tres... La aparición de Mochila impide que pase a mayores, pero el arreglo queda pendiente.
Cadorna va a la pensión donde viven el Gordo y su hija. Se acuesta con Angélica. Esto (y otras sospechas) le sugieren que ella está comprometida en el engaño al que lo han sometido: el Gordo nunca fue un mafioso capaz de contratar a un asesino.
 El mismo Gordo le confiesa toda la verdad, pero ya es tarde. El Rubio y Angélica, que son amantes, aparecen y se quedan con la parte de la plata que el Gordo se había guardado en la pieza. Pero el Rubio quiere más, y quedan en encontrarse la noche siguiente en la puerta de la cancha de Chacarita.
Cadorna se entera —por Mochila— de que a Salvatori le sacaron un riñón por error (como resultado de que él lo había cambiado de habitación). También Mochila le dice que Salvatori no había sido el responsable de su despido.
La noche siguiente, Cadorna y el Gordo acuden a la cita, aunque no tienen suficiente plata para pagarle al Rubio. En ese momento, aparecen Hormiga y sus laderos, que se llevan toda la plata, como “pago” del favor anterior.
Cuando llega el Rubio, se enfurece, no les cree lo sucedido, y golpea al Gordo. Cadorna aprovecha, le pega una patada de atrás y le saca el arma; por primera vez, domina la situación.
Llevan al Rubio, atado, a la pieza del Gordo, donde éste les comunica un plan “genial” para robar un banco. Inesperadamente, tanto el Rubio como Cadorna (que, en cierto sentido, compiten por Angélica) aceptan. El Gordo va a entrar al banco con un chaleco lleno de granadas, diciendo que tiene cáncer y que no le importa explotar allí mismo si no le dan todo el dinero disponible (esto está sacado de una noticia real).
Llevan a cabo el plan. El Rubio debe llevarlos y recogerlos en su auto pero, cuando salen del banco con la plata, la policía lo intercepta y lo acribilla. Cerca había un congreso político importante y la zona está plagada de policías. El Gordo (que realmente tiene cáncer, y Cadorna lo ha sabido a último momento por el Rubio) prácticamente obliga a Cadorna a que se vaya con toda la plata y encara a la policía con una granada en la mano, para ganar tiempo.
Cadorna huye al aeropuerto, donde espera Angélica: imposible saber si a él, al Rubio o al Gordo; pero es él quien llega, sobreviviente y con mucha plata.


Pablo Valle

 

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