28.9.08

Post 1800

Volvió una noche...
O un domingo.
Desde mi último post han pasado muchas cosas, todas insignificantes. La única relativamente importante es que decidí retomar mi blog, cambiándole apenas el título, à la China Ludmer.
Qué puedo decir. Nadie cumple sus promesas (vote a Nadie), ¿por qué debería hacerlo yo?
Mi depresión continúa, no se vaya a creer lo contrario. Fui a un psiquiatra , que me escuchó vagamente durante 25 minutos y me recetó un antidepresivo. Todo bien: es lo que iba a buscar. (En realidad, iba a buscar una licencia laboral por enfermedad, pero no me atreví a pedirle que lo considerara.) Dudé en tomar las dichosas pastillitas pero al final me decidí; aguanté sólo dos. Las náuseas, los mareos, los dolores de estómago se podrán aguantar si uno está internado (próximo paso, perhaps), pero no si tiene cuatro trabajos, con horarios fijos y un esfuerzo intelectual considerable.
Hablando de eso, mi trabajo principal se viene abajo. Albricias. Quizás eso me decida a dejarlo...
Por otro lado, no se crea que no tengo proyectos.
Para compensar el bajón generalizado, empecé por fin a escribir mi quinta novela, de nombre Frankfurt. Por supuesto, estoy en los dolores de parto y, sobre todo, en la ciclotimia de la embarazada: a veces creo que mi hijo será un genio, y otras, que será un bobo. Ya se sabe de qué lado están las mayores probabilidades, pero sigo adelante porque no hay otra. Será mi “novela de la madurez” o será el último intento de escribir algo que valga la pena. En este último caso, me retiraré programadamente, como el Loco Abreu (aunque con mucho menos guita).
A propósito, me confirmaron a último momento que no viajo a Alemania. Ya son tres años que no voy. ¿Habré ido alguna vez de verdad o fue un pasado ilusorio? Tema para un cuento fantástico; de hecho, no aparezco (obviamente) en mis propias fotos. No preocuparse: no lo voy a escribir.
Por otro lado, proyecto (con mi esposa) cosas estimulantes -y delirantes- como: crear una editorial (en los pródromos de una recesión mundial de la hostia), dar diversos tipos de cursos, poner una oficina, aprender portugués y/o alemán, “perfeccionar” nuestro inglés, escribir varios libros (juntos y separados), viajar a Galicia en busca de “las raíces”, divorciarnos, entrar a nuestro trabajo en común con una ametralladora -tipo Primer Mundo- y acabar con todos, escribir un libro sobre esto, etc., etc.
Pero el blog sigue. Por ahora. No fue una estrategia de prensa ni la búsqueda de un operativo clamor, tipo Chacho Álvarez.
Agradezco los mensajes de mi penúltimo post y espero no decepcionar a mi público en lo que sigue. Prometo seguir destilando noticias culturales y estados depresivos.
Pero nadie cumple sus promesas (vote a Nadie).