10.9.10

Frankfurt. Cruce de caminos


de Ana Vidal
(Montevideo, Planeta, 2004)


(Reseña en forma de carta)

Estimada Ana:

Soy profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Buenos Aires. Llegué a tu novela Frankfurt. Cruce de caminos gracias a las referencias en el libro Aquí América latina, de Josefina Ludmer. No conocía de antes su existencia: perdón. ¿Por qué llega tan poco a la Argentina de la literatura uruguaya reciente? Sí, ya sé, ahora están de moda Mario Levrero y Ercole Lissardi... Pero las modas pasan y la distribución de Planeta de Uruguay, por ejemplo, sigue siendo mala. Tuve que comprar el libro en Mercado Libre.
Me golpeó primero el título, porque es el mismo de una novela que estoy escribiendo yo desde hace algún tiempo. Sin subtítulo. Creo que tendré que cambiarlo, eliminar la metonimia y dejar Alemania sin más (si es que tengo fuerzas para seguirla ahora, y terminarla).
Precisamente, quizás por este ligero resentimiento que me produjo que alguien se me hubiera adelantado (y, para peor, no haberme enterado a tiempo), al principio no entendí por qué tu novela tenía que llamarse así. El subtítulo (que parece agregado a posteriori, no figura ni en la primera portada ni en la catalogación: minucias de editor) explica mucho, pero no todo. Sí la epifanía cuasi final, compartida con la narradora-protagonista: “Nada admiré de esta ciudad... no nos caímos bien. Quizá somos demasiado parecidas.” Extraordinario. En una escena de mi novela, que contiene un amor imposible entre un argentino y una alemana, ellos juegan citando la famosa escena de Hiroshima mon amour: “Me llamo Buenos Aires”, “Me llamo Frankfurt”. Me parece una coincidencia grande.
Pero quizás lo más interesante (para mí, al empezarla) de tu novela, sobre todo en el amargo principio, fue justamente esto: la amargura de la protagonista, la forma en que ve todo negro lo que yo alguna vez vi (y quizás aún veo) demasiado blanco. Idealizado El protagonista de mi novela, en todo caso, es alguien que se pregunta todo el tiempo cuál es la clave de su extraño, desmesurado, injustificable amor por Alemania. Si sabe que no podría (en ningún sentido) vivir ahí, nunca, ¿por qué lo considera “su lugar en el mundo”? ¿Quizás justamente por eso? ¿De qué huye?
Leer tu texto (la mirada de Mónica) me hizo reflexionar mucho sobre esto. Yo sólo viajé a Alemania por razones de trabajo (a la Feria de Frankfurt, quizás hayas adivinado), con lo cual estaba casi garantizado un disfrute que, encima, yo nunca esperé ni preví. Pero vivir allí...
Bueno, esta carta se está extendiendo mucho, parece del siglo XIX. Ni siquiera sé si te va a llegar. Lo más probable es que no.
Me gustó mucho tu novela. Me gustó mucho esa realidad políglota que rodea a la protagonista, aclarándose de a poco (no todo es tan negro al final), y en donde refulgen tantos coloquialismos uruguayos, o rioplatenses en general. La descripción del “parto explosivo” es magistral.
Después de todo, quizás sea cierto que la “Frankfurter Kreuz” sea un punto de partida ideal. Habría que ver exactamente para qué.
Cariños.

Pablo