1.12.08

Kafkian dream

Siempre que me quedo dormido después de que suena el despertador (en realidad, mi celular), sueño y recuerdo ese sueño.
Hoy soñé que esperaba turno para entregar un artículo o un proyecto de tesis, algo así. Era el último, o el único, día para ello. La que debía recibirlo era una vieja cascarrabias que ocupaba un puesto muy importante en la Facultad. No se parecía a nadie que yo recuerde ahora. (Quizás, un poco a Carmen Argibay, de quien leí un reportaje en Página ayer; pero estoy improvisando.)
El trabajo tenía que entregarlo, digamos, a las 12, y yo estaba allí desde mucho antes. Pero la vieja se entretenía demasiado juzgando a los que estaban antes que yo. Yo estaba aterrado por eso, porque había pensado que era sólo un trámite burocrático, no sabía que ella iba a leer ahí mismo los papeles y podía, incluso, rechazarlos. El tiempo pasaba, e incluso la vieja (pongamos la Vieja) me salteaba olímpicamente y atendía a otros que habían llegado después que yo. La ansiedad, como se dice, me devoraba.
Por supuesto, llegado mi turno, la Vieja se levantó y se dispuso a irse, sin oír mis súplicas lastimosas: que yo estaba desde temprano, que era importante para mí, que se vencía el plazo. Nada le importaba.
Como suele pasar, en cierto momento todo se encarajinó. Había un montón de gente, hombres y mujeres (recuerdo a un viejo y a una chica más joven) que rodeaban a la Vieja como protegiéndola de mi insistencia. Ella protestaba porque no había podido ni ir al baño, y precisamente eso hizo (la chica la acompañaba, el viejo custodiaba la puerta; ¡yo pugnaba por entrar!).
Hago un flashback: en algún momento, había aparecido una exjefa mía de cátedra, con la cual terminamos muy mal, y sin embargo me trataba aparentemente bien; pero, puesta a interceder por mí, se lavó las manos, porque ella no había leído mi artículo (algo así pasó en la "realidad"). Mi esposa también estaba en el sueño: hablaba cordialmente con mi exjefa, seguramente tratando de ayudarme.
No recuerdo el final, pero obviamente no entregué el trabajo. O eso es lo que siento ahora, todavía ansioso. Precisamente a fin de año, cuando no tengo ningún artículo para entregar.