24.6.10

Turismo virtual

Para los que, como yo, no pueden viajar, y quizás nunca puedan hacerlo, el mundo llamado virtual, tanto el tradicional como el nuevo, ofrece múltiples experiencias, vicarias sin duda, pero ocasionalmente consoladoras.
Dentro de lo tradicional, la TV. Ya declaré varias veces mi admiración por Anthony Bourdain y su programa Sin reservas. También me gusta Andrew Zimmer, el de Comidas exóticas, que a veces no son tan exóticas, lo que lo salva apenas de ser un Marley un poco más refinado. (Tanto Bourdain como Zimmer son neoyorquinos, así que hay que estar dispuestos a aguantar que juzguen todo desde la cima del Mundo, la capital del siglo XX, etc.; a veces son simpáticos, otras no.) Otros programas del canal Travel & Living (7 de Cablevisión) también pueden disfrutarse, pero menos; el de los millonarios, por ejemplo, es intolerable.
Ahora hay que agregar, en la televisión abierta, Clase turista. El mundo visto por argentinos; una muy buena idea, entre otras cosas, porque le dedica mucho tiempo a una sola ciudad, explorada por gente que vive allí desde hace tiempo.
En el mundo engañosamente infinito de Internet, hay guías de viaje (Guiarte, por ejemplo), entes oficiales de turismo de los diversos países que uno añora, etc. Pero Google Earth ya está tocando fronteras increíbles: los links a YouTube, las webcams, las “fotos esféricas”, la posibilidad de agregar fotos propias. Pronto de la PC van a salir olores (como decía JLB, el cine va camino a ser tan "realista", que algún día los actores aparecerán personalmente delante del espectador…).
Todo esto, repito, es meramente consolador, y quizás debería avergonzar un poco al que suscribe. Después de todo, no se diferencia mucho del consumo onanista de pornografía.
Pero, cuando se logra (rara vez) un cierto equilibrio o compromiso entre el deseo frustrado y la resignación, dejando de lado la culpa y la amargura, hay algún destello de placer, innegable, y uno siempre debería tener derecho a esas migajas de vida.