21.1.07

- Alexandr Soljenitsin, Un día en la vida de Iván Denísovich, Barcelona, Plaza & Janés, 1975.

Leí esta novela porque la menciona elogiosamente Lukacs en un artículo tardío (“Realismo socialista hoy”, Revista de Occidente, año IV, 2.ª época, N.º 37, abril de 1966). Y porque la tenía a mano, claro.
Hay varias curiosidades al respecto. Primero, la clasificación como “novela corta”. Sospeché desde un principio que debe de haber una denominación más específica en ruso. Porque para “nouvelle” queda demasiado larga. Es cierto que la unidad de tiempo (precisamente, “un día”) ayuda a imaginarla como un todo breve, muy concentrado. Lo que importa, en todo caso, es que la visión positiva del teórico húngaro reposa en gran medida en esa clasificación, porque una “novela corta” tendría, según él, la posibilidad de ser eximida de la exigencia de reflejar la “totalidad” de la vida social, su esencia como proceso y/o estructura. Puede limitarse a una parcela, que aluda hábilmente a todo lo demás. (Y, en este caso, el campo de concentración representa al estalinismo, no porque sea un símbolo de éste, o no sólo por eso, sino porque éste, de hecho, lo produce.)
En efecto, Un día... se consagra más a “describir” que “narrar” la vida en un campo de concentración soviético, desde el toque de diana hasta la hora de acostarse. Lo hace obsesivamente, atento a los menores detalles, casi de manera conductista, desde el punto de vista del protagonista (lo cual también contradice otro punto central de la teoría lukacsiana, que es la necesidad de la omnisciencia, para esquivar las trampas jamesianas del “subjetivismo” modernista, etc.).
Y lo más interesante de todo: por momentos, el relato se hace kafkiano. Ya sabemos de las desafortunadas elecciones de Lukacs al respecto, en otros tiempos: Thomas Mann, y no Kafka. Es cierto que, precisamente, en este artículo, de 1964, reivindica a Kafka, pero más que nada contra Beckett (Lukacs siempre fue incorregible).
Hay un episodio muy significativo, en el que colisionan regímenes legales imposibles de cumplir, que resulta la parte más afín a Kafka y que éste hubiera firmado tranquilamente. Las autoridades del campo dictan una ley según la cual los reclusos no pueden andar solos por el lugar en sus (pocos) ratos libres; tienen que ir en grupos de cinco o seis. Al principio, la ordenanza se cumple, pero pronto se vuelve molesta y cae en desuso, de hecho, porque, por ejemplo, no van a ir al baño en grupos. Y las mismas autoridades a veces llaman a un recluso en particular, y sería absurdo que lo acompañaran otros cualesquiera. Y más todavía: no van a cruzarse de un barracón a otro en grupos..., sobre todo porque está prohibido cruzarse de un barracón a otro... (pero lo hacen). Etcétera.
¿Qué diferencia a Soljenitsin de Kafka? Quizás, que el primero cuenta una experiencia “real”, que además probablemente ha vivido o, por lo menos, presenciado. Que las comillas no hagan suponer que desprecio la diferencia. Al contrario. Sólo me intriga saber qué hubiera opinado Lukacs sobre Un día... cuarenta o veinte años antes, tanto si lo hubiera escrito Kafka como si lo hubiera escrito Soljenitsin.