9.12.09

Casos Pomar

Aunque parezca muy distinto, el “caso Pomar” me trajo a la memoria, muy dolorosamente, algo que me pasó hace unos quince años.
Un día, mi suegro fue a la estación Caballito a tomar el Sarmiento hacia Castelar. No volvió.
Lo buscamos con desesperación. En la estación, no había testigos de que hubiera pasado algo allí. En la comisaría más cercana, nos aseguraron que ellos lo hubieran sabido de inmediato; nos tomaron la denuncia con displicencia: cualquier información al respecto les llegaría por las correspondientes redes… Lo mismo, en un engendro que se llamaba (creo que ya no existe) “Pami escucha”: cualquier atención a un afiliado ellos la registraban enseguida.
Como no había novedades, la familia se puso en campaña por su cuenta. Supusimos que había tomado el tren y que le había pasado algo en él, por lo cual averiguamos en cada estación, en cada hospital, en cada comisaría del trayecto hasta Castelar, y luego mucho más allá (porque podía haber seguido de largo, si se había descompuesto, etc.).
Hasta consultamos a una bruja, que nos dijo que “lo veía atendido”.
Pasaron casi diez días.
Logramos que en Clarín se publicara una foto del desaparecido. Casi de inmediato, recibimos un llamado anónimo: una médica, que “no quería comprometerse” (?), le había hecho un estudio en el hospital Israelita, por un ataque cerebral grave. Lo encontramos allí, en estado desesperante. Como no iban a verlo familiares, la atención (como parodiando a la vidente) era casi nula; no le daban de comer, no lo limpiaban, etc. Jamás se recuperó; murió un par de años después.
Pero lo más loco es que el accidente lo había tenido, sí, en la estación Caballito. Lo atendieron varias personas, transeúntes. Un policía lo derivó al hospital Durand. Tenía los documentos encima, no se los robaron. El Durand está a unas pocas cuadras de casa (el Israelita, no muy lejos; parece que lo trasladaron al día siguiente, ¡porque le correspondía por PAMI!).
Como en “La carta robada”, mi suegro había estado casi a la vista de todos, en el lugar más evidente, mientras lo buscábamos a cincuenta kilómetros y esperábamos que alguien nos diera una pista. Nadie lo hizo. Podría haber muerto como NN, cualquier cosa.
Este país es una gran tierra que traga, oculta o expulsa.