30.1.06

Danzar

"Debí danzar yo al compás de esa música. Lo iba a hacer ya. Había visto a los bailarines de tijeras saltar como demonios en los atrios de las iglesias; manejar sus piernas como si fueran felinos; levantarse en el aire; atravesar a paso menudo, a paso de ciempiés, los corredores de lajas de las aldeas; en la madrugada, a la luz del amanecer, los había visto danzar sobre los muros del cementerio, tocando sus tijeras de acero, de cuyas puntas parecía nacer la aurora. Había deseado, mil veces, imitarlos; lo había hecho en la escuela entre niños. Lo podía hacer allí, ahora, con la música de mi amigo, ante un público espantado que necesitaba algo sorprendente, que lo sacudiera, que le devolviera su alma..." (Arguedas, Los ríos profundos).