26.7.06

Notas en las páginas de cortesía/2



- Tartabul, de David Viñas

1. Si Cuerpo a cuerpo ya era hiperbarroca y joyceana, Tartabul (después de los dos remansos -dos buches de aliento- que fueron Prontuario y Claudia conversa) es más voluntariamente ilegible. Si se la mira de modo superficial, procede por algo similar a la asociación libre. “Corte directo”, explica Viñas en un párrafo. Pero cada microfragmento puede tener relación significativa con otro microfragmento. Aunque esa significación se adelgace hacia un “idiolecto” extremo, no decodificable. (Ver el capítulo sobre Joyce en El último lector, de Piglia.) Por supuesto, se trata de una urdimbre de recuerdos, estampas de un pasado que vuelve implacable; narración entrecortada no por vacíos de la memoria sino por saturación de referencias.
3. No se puede obviar, por otra parte, la dimensión paródica, casi de burla personal, de “entre nos” (expresión cara al Viñas mansillesco). No sé si vale la pena detenerse en la clef (¿realmente el Griego es el Turco Asís?). Me interesa más la sobreabundancia de “subtítulos” y “epígrafes”, raros en una novela, que remite a la estructura típica de los ensayos viñescos -con los cuales, se ha dicho hasta el cansancio, su narrativa se espeja, o se prolonga sin solución de continuidad, como en una cinta de Moebius-, pero leídos por sus críticos (el más patético de los cuales ha sido, notoriamente, Julio Schwarzmann).
3. ¿El uso (perimido desde la Ortografía del 99) de acentos en verbos con enclíticos puede leerse sólo como una gaffe del corrector? Pobre lectura. (Remito a mi notita sobre el famoso tema de las comillas en Arlt.) Más bien es parte del énfasis tan propiamente viñático; para colmo, como esos acentos abundan y se destacan en el voseo (*dáme, *pegáme), trepan a manifiesto lingüístico nacionalista. O, dada la antigüedad del tema, descienden a testamento.