14.2.08

Cuánta razón

Después de un nacimiento, los tracios se reunían en familia alrededor del recién nacido. Hasta aquí, un ritual frecuente, salvo por el hecho de que los tracios recibían al niño con pesar y llantos. En ese acto, la familia se lamentaba por los sufrimientos y la gran tristeza que el niño debería soportar debido a su llegada al mundo. Además, enumeraban en detalle las desgracias y pruebas que habría de afrontar en la vida.
Por el contrario, cuando fallecía un miembro de la familia, sus amigos y parientes lo sepultaban entre gritos de júbilo. De pie junto a la tumba, celebraban que la muerte significara que ese querido muerto se hubiera desembarazado de las desdichas que había afrontado en la Tierra.

(Alicia & Matheos Chrysostomou, Strange Superstitions and Curious Customs of the World, Dublín, Mercier Press, 2006.)