12.11.05

La calidad de Internet

Estoy un poco cansado del lugar común respecto de la baja calidad de los contenidos de Internet respecto del soporte papel. Y conste que lo dice un empedernido bibliófilo, coleccionista, profesor de literatura, editor, etc.
No digo lo contrario del primer polo de la comparación, lo que considero inexacto es ésta misma.
Me explico: Internet surgió y se desarrolló como medio de comunicación durante un descenso general de los estándares de calidad de todo tipo de edición, incluida la tradicional en papel. En esto tuvo un papel la tecnología, por supuesto, pero no la red; y tampoco creo que sea un papel determinante. Sólo es verdad que la (quizás aparente) simplificación tecnológica de los procesos de fabricación de libros hizo que se aceleraran estos procesos y que, precisamente, se perdiera una parte de la calidad. La tendencia del mercado es, desde hace rato, saturar de novedades (con tiradas cada vez menores), la mayoría de las cuales está destinada a las mesas de saldos, cuando no al reciclaje. La calidad a la que hice referencia recién no depende de las tecnologías, por lo menos no directamente; tiene que ver con trabajo humano: redacción, traducción, chequeo de datos, corrección gramatical y ortotipográfica. Todos, procesos que no se pueden acelerar, razonablemente, sin pérdida (notoria) de eficacia. Se sabe, además, que, ante la necesidad de reducir costos, el control de calidad es uno de los rubros que primero padecen quitas.
Para no hablar de una decadencia generalizada de la educación y, más específicamente, de la relación de las personas con el conocimiento (aunque esto suene rimbombante).
Todo esto lo conozco bien, no sólo como corrector y editor, sino también porque, por ejemplo, he redactado enciclopedias “en papel” y sé cómo se hacen. Me refiero a enciclopedias porque sé que son fetiches especiales del supuesto saber: la Británica, la Espasa-Calpe, etc. Ahora basta pensar en el desastre que suele ser la Encarta, aparte de sus chiches multimediáticos.
Otro ejemplo: los diarios. Acá en Argentina, casi todos han echado a su planta de correctores. He hablado con periodistas de nombre, que están desesperados porque saben que cualquier barbaridad que pongan va a salir publicada, con minimísimos controles.
Claro, en este contexto aparece Internet y es fácil pegarle. Y es cierto que a primera vista Internet es el reino del gazapo y el fake, pero éste, repito, es un proceso que se inició “afuera” de Internet y sólo se reflejó en ella con toda naturalidad y previsibilidad.
El resto es fetichismo de la letra impresa y del libro (que el dios de los ateos los conserve mucho tiempo).