29.11.06

Si tuviera una beca (o, al menos, una casa), me gustaría escribir una “historia material(ista) de la literatura argentina”. Empresa descomedida, más que ambiciosa; fácilmente rechazable por todos, antiguos, modernos y posmodernos. Algo más (aunque la incluya) que una historia de la edición en Argentina, de lo que ya hay algunos intentos. Una correlación estrictamente mecanicista, casi unidireccional, entre la edición y la literatura. La precisa (?) función del editor (de la “mediación editorial” en general) como instancia permanentemente denegada. Por ejemplo: un paralelismo estricto entre traducción y tipo de cambio. O los honorarios de los traductores, los correctores, etc. A mi lado, Lukacs permanecería como el idealista que siempre quiso no ser... Ya sé: habría que ser Bourdieu para eso; pero así cualquiera.

9 comentarios:

  1. Anónimo9:33 a.m.

    Caro Pablo, basta una poesia, la aspettiamo con ansia.

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  2. El estro está cansado, Liliana, pero me voy a esforzar... Tante grazie!

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  3. Si fuera el director del Conicet, mi primer gesto después de asumir sería otorgar esa beca. Pero ahí empezaría el problema!

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  4. Es cierto. Mejor prestame una casa.

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  5. Anónimo7:52 p.m.

    Hablando de Lucacks, Pablo: es muy interesante leer, en la biografía de Sándor Márai, las funciones que el gran crítico pasó a cumplir después de la entrada de los rusos en Hungría. ¡Y yo que lo quería porque encontraba -como yo mientras la leía- que Elsa Morante era el talento de novelista más grande que hubiese encontrado en el siglo XX, y últimamente, por cierta observación suya sobre la novela histórica que me apuntó Martín Kohan! L

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  6. Ahí te tiro otra. Refiriéndose al "héroe problemático" y la novela, dice: "El camino ha terminado. El viaje comienza."

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  7. Lo "gracioso" en Lukacs es que, con tantas retractaciones de retractaciones de retractaciones, es casi imposible saber "qué pensaba realmente". Con lo cual aparece como un vanguardista irredento, deleuziano, a pesar de sí mismo. Y cada obra aislada, aun contradiciéndose parcialmente (no totalmente, como en Wittgenstein), sigue siendo genial.

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  8. Anónimo1:45 p.m.

    Curiosamente, los pocos críticos que he conocido -y verás que no generalizo- son muy poco concientes de esos vaivenes, de esas contradicciones. Yo que fui estudiante crónico de la carrera -pero muy entusiasta y agradecido- vi cambiar el canon interno de popes con mucha más facilidad, digamos, que en el afuera cambiaba la devoción de Auster a Sebald, de Sebald a Sandor Márai. Pero todo se enuncia, en esos críticos, como en el Juicio Final. Y lo grave es que, cuando se tiene verdadero poder, como en el caso de Lucacks, una de esas veleidades -simpáticas sólo en Nazarena Vélez- cuesta cabezas -literalmente- y cabezas valiosísimas. Parafraseando a otra señora argentina: todo muy bien con las hipótesis, digamos, de G. Speranza, pero si le dan poder yo me voy a la estancia. L

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  9. Sí. Yo "vi" Lukacs en la cátedra de Ludmer y lo trataban como a un retardado mental. Claro, si se lee solamente "Narrar o describir" y "Kafka o Thomas Mann", uno se queda con la idea de que el tipo desafinaba más que Iliana Calabró.

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