5.1.08

Presagios de Beethoven para la UE

por Slavoj Zizek

(FILÓSOFO, DIRECTOR INSTITUTO BIRKBECK DE HUMANIDADES)

Dos gobernantes de la Unión Europea pusieron fin semanas atrás a diez años de disputas diplomáticas y firmaron el Tratado de Lisboa.

Durante la ceremonia, un coro interpretó la "Oda a la alegría" de Beethoven. Si bien el cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven puede parecer una elección inocua como himno oficial de la Unión Europea (se lo proclamó en 1972), en realidad es mucho más elocuente que lo que cabría esperarse en relación con la Europa actual.

La pieza musical tiene un pasaje de extraño desequilibrio. En medio del movimiento, después de escuchar la melodía principal (el tema de la "alegría") en tres variaciones vocales y orquestales, ocurre algo inesperado que incomoda a los críticos desde hace ciento ochenta años: en el Compás 331 el tono cambia por completo y, en lugar del himno solemne, el mismo tema de la "alegría" se repite en un estilo de "marcha turca".

El tono se convierte entonces en un desfile carnavalesco, un espectáculo satírico. A partir de ese momento, estiman tales críticos, todo se arruina; nunca se recupera la dignidad simple y solemne de la primera parte del movimiento.

¿No se aplica lo mismo a la Europa actual? La segunda estrofa del poema de Friedrich Schiller musicalizado en la "Oda a la alegría", cuyo coro invita a los "millones" del mundo a "abrazarse", termina con un presagio: "En cuanto a aquél que no pueda regocijarse, que se aleje llorando".

Resulta difícil obviar una reciente paradoja de la marcha turca: mientras Europa da los últimos toques a su solidaridad continental en Lisboa, los turcos, a pesar de sus esperanzas, están fuera del abrazo.

Antes de sucumbir al sentimiento cálido de que somos una gran familia, los europeos deberíamos pensar en todos aquellos que no pueden regocijarse con nosotros, en todos aquellos a los que se obliga a "alejarse llorando". Tal vez sea la única manera de poner fin a los disturbios, los incendios de autos y otras formas de la marcha turca que ahora vemos en nuestras propias ciudades.

Copyright Clarín y Le Monde, 2008. Traducción de Joaquín Ibarburu.