26.1.08

Viejos libros

En una librería que está, literalmente, a la vuelta de mi casa (Neuquén casi Rojas), y que responde al obvio nombre de El Gaucho, se venden miles de libros usados, con una particularidad: la gran mayoría pertenecieron a la biblioteca de La Razón.
Quién sabe cómo llegaron allí (no me animé todavía a preguntarles), pero estos libros, que valen entre 2 y 5 pesos, ofrendan una sensación muy rara, la derivada de que aún conservan en la retiración de contratapa ese sobrecito que usan las bibliotecas para poner la ficha de préstamo del libro.
He comprado varios. (Entre otras joyas, tienen la Colección Austral, presumo, completa.) Qué tentación, que conmoción, al revisar esas fichas: algunas están vacías, pero otras están llenas con los nombres de las personas que leyeron, o al menos se llevaron ese libro, las fechas, los sellitos, las firmas. Una historia fáctica de su vida útil, que aún no terminó, y que ahora se prolongará, si hay suerte, en mis subrayados y mis notas en los márgenes y en las páginas de cortesía.
(Con más tiempo, prometo escanear algunas fichas.)