1.7.10

- Miguel Vitagliano, Posdata para las flores, Buenos Aires, 1991.

Leí, al azar de mi biblioteca y de mis tiempos muertos, la primera novela de Miguel Vitagliano (que, dicho sea de paso pero no por azar, nació el mismo año que yo).
Me pareció excelente, y Vitagliano un escritor poco valorado hoy día, pese a que publica mucho y bien.
El principal defecto de una ópera prima —su tendencia al epigrama “profundo”, sentencioso— puede ser también su mayor encanto. Anoto algunas de esas frases que más me impresionaron.

“Todos tenemos un cáncer que no queremos oír.”

“Ellos se tomaron el mundo, estaban jugados al mango, ¿como iban a pensar que alguien se puede emborrachar solamente con la sed?” (sobre la “generación del setenta”).

“Existir es un plagio.”