3.8.10

Notas sobre humor

El humor de Capusotto me parece un típico caso de "legitimación por la enunciación"; en este caso, por la figura misma del comediante. Figura "pública", más o menos construida, quiero decir (los linguistas la llamarían ethos).
Muchos chistes, o sketches enteros, podrían resultar discriminatorios, o al menos irritantes, si Capusotto no fuera "rockero y peronista" (desde el clásico Bombita Rodríguez hasta el nuevo mesías de los rolingas). Se ríe, critica, "desde adentro", en cierto sentido; incluyéndose.
Es un caso similar al humor judío (muchos "chistes judíos" serían considerados racistas, dichos por un no judío); o incluso al humor machista pero puesto en boca de mujeres, donde podría convertirse en "autocrítica".
Por eso el humor de Barcelona, que parece no tener límites, es tan difícil de digerir. Siempre va a haber alguien afectado. Ellos renuncian, voluntariamente, a una autodefinición (aunque su director va a veces a 678). Acá hay mucho para analizar, pero en principio se me ocurre que esa postura, arriesgada y quizás meritoria, se acerca peligrosamente a lo que históricamente representó Satiricón y, ahora, sigue siendo, lastimosamente, Pettinato.