11.6.06

Dos Resnais

- Noche y niebla
Ya había visto este mediometraje, no recuerdo si por TV en blanco y negro, o en algún cineclub, pero quería verlo de nuevo. Sí, tenía esas imágenes terribles, y tal vez más. Por lo menos, más de las que recordaba. Hubiera sido preferible un texto de la Duras en vez del de Jean Cayrol, pero las imágenes son espeluznantes por sí mismas. En cierto sentido, un ensayo general para Hiroshima... y Marienbad: la memoria, la negación, los rastros que quedan y a la vez son dudosos (sobre todo, porque se los niega).

- Muriel
¡Qué experiencia volver a ver este filme! Tendría que averiguar cuándo lo vi por primera vez; calculo que podría ser alrededor de 1981, 1983. Tenía su recuerdo como algo ininteligible. Nada que ver. ¿Sería una copia mala, típica de la Cinemateca, o yo no tendría la “madurez” suficiente como para entender? Me inclino por una combinación de ambos factores, con más peso del segundo. Como sea, lo repito: qué experiencia extraordinaria.
Sobre el filme en sí: Resnais vuelve sobre el tema de casi todos sus filmes, la lucha entre la memoria y el olvido, con grandes ventajas para éste. Helene y Alphonse tuvieron un romance durante la guerra y vuelven a encontrarse quince años después, inútilmente; no se sabe bien pero tal vez participaron en la Resistencia o corrieron algunos peligros que los separaron.
En realidad, sus recuerdos no siempre coinciden. Probablemente se amaron alguna vez (algún día), pero ella ya se ha hecho otra vida (vende antigüedades que parecen ser sus propios muebles), y él es un fabulador y quizás un vividor. Por otra parte, el hijastro de Helene, Bernard, estuvo dos años en Argelia, como voluntario, y vive atormentado por el recuerdo de un episodio en el que él y unos compañeros torturaron a una chica llamada Muriel. Incluso le ha puesto ese nombre a una novia imaginaria, que nadie conoce. Y se dedica a filmar un documental “histórico”.
El relato es mucho más lineal que, por ejemplo, Marienbad; no sé qué no entendí aquella primera vez. Es cierto que el montaje a veces es muy cortado, y las escenas y los diálogos se superponen, pero todo es muy claro.
Al final, la que aparece es la actual mujer de Alphonse, Ramona, cuyo hermano ha ido a buscarlo para llevarlo de vuelta a la fuerza. Él se ha escapado. Ramona llega a un departamento vacío de gente (y casi, de muebles), símbolo, creo, de lo que ha quedado del pasado después de tantas idas y vueltas: casi nada.