5.11.09

Bomarzo

Siempre me pareció que Bomarzo, de Mujica Láinez, era el Renacimiento visto desde una señora gorda de Barrio Norte, que disimula que está escandalizada. O, tal vez, en la que el escándalo y el goce se mezclan histéricamente: uno condición del otro.

“E inventó mi castigo con la refinada imaginación y la atrocidad de un hombre del Renacimiento” (p. 49).

“... dormíamos juntos, en el mismo lecho, de acuerdo con la promiscua costumbre de la época” (p. 213).

“Ellos eran así, inescrupulosos. También lo era yo. También lo era, ya que de esto hablamos, el Renacimiento” (p. 260).

“Que el lector actual no se asombre. En aquel tiempo las cosas sucedían así. Eran complicadas, enzarzadas y violentas. Vivíamos al día. (...) Y los acontecimientos más arbitrarios y más terribles se producían con una naturalidad feroz” (p. 421).

“Actuaba, rodeado de pecadores, husmeando el aire turbio del pecado que impregnaba a mi época...” (p. 660).

(Manuel Mujica Láinez, Bomarzo, Barcelona, Seix Barral, 1983.)