8.11.04

Mutantes (II)

(Continúa.)

Casi al mismo tiempo, leí una entrevista a Lisandro Alonso, joven cineasta argentino, director de La libertad y Los muertos. Justamente respecto de esta película, estrenada hace poco en Buenos Aires, Alonso comentaba algo así como que “todos estábamos muertos”. Con “todos”, yo interpreté inmediatamente los argentinos, los latinoamericanos, los del tercer mundo, etc. Lamentablemente, no guardé el recorte, pero encontré en Internet ese mismo reportaje o uno parecido. Transcribo algunos fragmentos:
“¿Qué te interesaba reflejar?
Está en la película, no hay mucho que pueda agregar. Hay un montón de gente que vive en estas condiciones de precariedad: todos juntos en ranchos de barro, tolditos plásticos. Toman agua del río, no tienen gas ni electricidad. Todos están muertos, de alguna manera. Cuando van al pueblo, los tratan como si fueran mierda. Y están resignados a esa clase de vida, a sobrevivir así.
Podías haberla llamado ‘Los olvidados’…
Sí, pero ya lo usó Buñuel... En el río es peor, pero el concepto de resignarse a una vida de mierda, es algo que está en todo el continente. Es poco lo que nos permiten hacer y nos acostumbramos a que es normal. Estamos muertos porque dejamos de vivir.”
Alguno podría objetar (entre tantas cosas) que los yanquis acaban de reelegir como presidente a un retardado mental que quiere acabar con medio planeta. (En realidad, el retardado o lo que él quiera importa poco: el objetivo a largo plazo de los que verdaderamente mandan es China; ver la columna de Kissinger en Clarín de ayer. Los árabes son una estación de paso que podían liquidarse, teóricamente, mandando negros y latinos, pero cometen de vez en cuando la insolencia de matar a algún blanco. Éste es otro tema, pero lo tenía que decir.)
En realidad, me decidí a escribir esta torpe nota precisamente por el resultado de esas elecciones.
Yo nunca dije que sean superiores. Sólo que son distintos. Y por eso ni siquiera podemos entenderlos (ni ellos a nosotros, por supuesto).
Por otra parte, como bien dice Buarque, las distintas especies están repartidas entre los países, y dentro de los países. Quizás si yo frecuentara más algún barrio de ricos me encontraría también con esa especie nueva, en formación, a la que, definitivamente, no pertenezco.
Y no es exactamente que quiera pertenecer a ella. Es que quiero “sentir distinto el cuerpo”.