9.4.06

A propósito de los ready-made

por Marcel Duchamp
(1961)

En 1913 tuve la feliz idea de poner una rueda de bicicleta sobre un banquito de cocina y mirarla girar.
Algunos meses más tarde, compré una reproducción muy bien hecha de un paisaje de invierno (una caída de sol) y, después de haberle agregado dos pequeñas pinceladas, dos puntitos, uno de pintura roja y otra amarilla, ambos sobre la línea del horizonte, la retitulé Farmacia (Pharmacie).
En Nueva York, en 1915, compré en una ferretería una pala para la nieve sobre la que escribí: “In Advance of the Broken Arm” (En prévision du bras cassé).
Fue en ese momento cuando la palabra ready-made (tout-fait) me vino a la mente para designar esta forma de manifestación.
Deseaba, particularmente, establecer un punto en que la opción de estos ready-made no estuviera jamás dictada por una delectación estética. Esta opción está basada en una reacción de indiferencia visual; al mismo tiempo, una total ausencia de buen o mal gusto... En fin, una anestesia completa.
Una característica importante: la breve frase que escribí, en la ocasión, sobre el ready-made. Esta frase, en lugar de describir el objeto, tiene como fin ofrecer a la mente del espectador un viaje por otras regiones, más verbales.
Algunas veces agregué un detalle gráfico en la representación; para satisfacer mi pronunciado gusto por las aliteraciones, lo llamé un ready-made aidé (ready-made asistido o rectificado).
Otra vez, queriendo señalar mejor la fundamental antinomia que existe entre el arte y los ready-made, me imaginé un ready-made recíproco como una tabla de planchar, ¡sírvanse ustedes un Rembrandt! Un Rembrandt como una tabla de planchar.
Vi muy rápidamente el peligro que sería servirse indiscriminadamente de este modo de expresión, por lo cual decidí limitar mi producción de ready-made a un pequeño número por año.
Comprendí, en efecto, una cosa: el arte, para el espectador mucho más que para el artista, es una droga con la cual nos volvemos viciosos; entonces, quise proteger mis ready-made de tal contagio.
Otro aspecto del ready-made es que no tiene nada de único. La réplica de un ready-made transmite el mismo mensaje; de hecho, casi todos los ready-made que uno ve hoy en día no son el original, en el sentido tradicional de la palabra.
Un último comentario, para concluir este discurso de egomaníaco: si los mismos pomos de pintura de los que se sirve un artista son manufacturados, haríamos bien en admitir que todas las pinturas que existen en el mundo son ready-made asistidos y trabajos de assemblage.

(Traducción de Rafael Cippolini en: ramona 51, Buenos Aires, julio de 2005; corregida por PV.)