9.7.08

Sebald

Haciendo un paréntesis en mis lecturas latinoamerican(ist)as, y salteándome mi poco firme propósito de leer sólo en idiomas originales, me rendí a la saludable tentación de Sebald, un escritor que, por otro lado, me debía a mí mismo hace tiempo.
Por ahora sólo leí Sobre la historia natural de la destrucción y Austerlitz, que me parecieron extrañamente complementarias.
Austerlitz es alguien que ha vivido ignorando deliberadamente su pasado traumático: fue un niño checo deportado antes de la guerra, sus padres murieron en campos de concentración. A partir de cierto momento, ya pasada su madurez, “toda una vida”, el pasado le vuelve como un viento macizo que lo sacude completamente, hasta casi volverlo loco. Emprende, claro, la recuperación de ese ayer negado, pero sólo obtiene algunos fragmentos, algunas claridades. La explicación, muy nebulosa, de por qué no puede sostener ninguna relación duradera (¿quién puede, después de todo?). La razón, quizás, de su fascinación por la arquitectura monumentalista que intersecta foucaultianamente edificios como estaciones de tren, hospitales, museos, palacios fortificados.
Por otro lado, Sobre..., que ni siquiera es una novela, sino una reconstrucción documental cruzada con crítica literaria, parece tocar el mismo tema en otro tono, musicalmente hablando.
Aquí, toda Alemania es Austerlitz; quizás, todo el mundo. Se trata de (negar) los horrores producidos por los bombardeos aliados, especialmente británicos, sobre numerosas ciudades alemanas, que fueron reducidas a la nada. Y la consiguiente negación, “austerlitziana”, de esos acontecimientos, que, con toda su importancia y monstruosidad, apenas produjeron un correlato literario (con el cual Sebald es implacable por su precariedad y hasta ligereza). ¿Compensación por la culpa de todos los alemanes, aun los civiles? ¿Imposibilidad (benjaminiana, adorniana) de narrar la experiencia del horror extremo? Todo eso, y un poco más.
Yo he visto algunas de esas ciudades alemanas, y casi no pude creer que estén reconstruidas en su totalidad. Algo de esa incredulidad me fue explicada por esta obra implacable de Sebald, que se empeña en enunciar una verdad para la que “incómoda” sería un adjetivo más que frívolo.