7.5.05

De Adorno/1

Fragmentos de:

- Theodor W. Adorno, Teoría estética, Madrid, Orbis, 1984. (Original: Asthetische Theorie, Frankfurt, Suhrkamp Verlag, 1970, edición a cargo de Gretel Adorno y Rolf Tiedemann; traducción de Fernando Riza, revisada por Francisco Pérez Gutiérrez.)

(Dado el carácter fragmentario de la obra, nada mejor que fragmentarla, macedonianamente, aún más.)

Ha llegado a ser evidente que nada referente al arte es evidente.
p. 9

La ampliación de su horizonte ha sido en muchos aspectos una auténtica disminución.
p. 9

la libertad del arte se había conseguido para el individuo pero entraba en contradicción con la perenne falta de libertad de la totalidad.
p. 9

El arte extrae su concepto de las cambiantes constelaciones históricas. Su concepto no puede definirse.
p. 11

Plantear desde arriba la pregunta de si un fenómeno como el cine es o no arte no conduce a ninguna parte. El arte, al irse transformando, empuja su propio concepto hacia contenidos que no tenía. (...) Sólo puede interpretarse el arte por su ley de desarrollo, no por sus invariantes. Se determina por su relación con aquello que no es arte. Lo que en él hay de específicamente artístico procede de algo distinto...
p. 12

El arte podría tener su contenido en su propia transitoriedad.
p. 13

La línea de demarcación entre el arte y lo empírico no debe borrarse por un proceso de idealización del artista.
p. 14

la comunicación de las obras de arte con el exterior, con el mundo al que, por suerte o por desgracia, se han cerrado, se da por medio de la no comunicación, y en ello precisamente aparecen como refracciones del mismo.
p. 15

Los insolubles antagonismos de la realidad aparecen de nuevo en las obras de arte como problemas inmanentes de su forma. Y es esto, y no la inclusión de los momentos sociales, lo que define la relación del arte con la sociedad.
pp. 15-16

si se quiere percibir el arte de forma estrictamente estética, deja de percibirse estéticamente.
p. 16

El arte es para sí y no lo es, pierde su autonomía si pierde lo que le es heterogéneo.
p. 16

las proyecciones del artista en el proceso de producción son sólo un factor de la obra hecha y no el definitivo; el lenguaje, los materiales, tienen su propio peso y más que ellos la obra misma de la que la imaginación de los psicoanalistas suele ocuparse poco.
p. 19

Las obras de arte reflejan la interioridad del artista muchísimo menos que lo que se imagina el médico, que solamente le conoce en el sofá psicoanalítico.
p. 20

el sujeto mismo que realiza la obra no es otra cosa que un intermediario.
p. 20

las definiciones son tabúes racionales.
p. 23

El arte no es sólo el pionero de una praxis mejor que la dominante hasta hoy, sino igualmente la crítica de la praxis como dominio de la brutal autoconservación en medio de lo establecido y a causa de ello.
p. 24

La experiencia artística sólo es autónoma cuando rechaza el paladeo y el goce.
p. 24

Tanto menos se goza de las obras de arte cuanto más se entiende de ellas.
p. 25

El ciudadano medio desea un arte voluptuoso y una vida ascética, y sería mejor lo contrario.
p. 25

El concepto de goce artístico fue un parco compromiso entre la dimensión social y la antisocial de la obra de arte.
p. 26

La disonancia, signo de todo lo moderno, conserva un atractivo sensible aun en sus equivalencias ópticas, transfigurando el atractivo en su antítesis, en dolor: es el originario fenómeno estético de la ambivalencia.
p. 26