10.5.05

La cárcel del lenguaje

- José María Arguedas, El Sexto, Lima, Horizonte, 1969.

Gran novela de ambiente carcelario. Muy interesante, desde el punto de vista referencial, cómo trata las diferencias entre los apristas y los comunistas (“los políticos”, que están confinados en el tercer piso de la cárcel, por encima de los vagos y los asesinos). Esto se ve desde el punto de vista del narrador, Gabriel, que es un “pequeño burgués idealista”, ni del apra ni del PC; en realidad, un campesino sensible que aprende dificultosamente los códigos de la prisión.
Pero más interesante aún es el lenguaje, sobre todo el de los hombres de pueblo. En “el piurano” me pareció “oír” algo de la extraordinaria jerga del Eisejuaz de Sara Gallardo.
“Con éstos no hay confianza. Son distintos de la gente libre. Día a día tratando con ladrones, con asesinos; aplicando, por oficio, el martirio. Ya no saben reconocer al humano; ellos también pierden la concencia di’humanos. El uniforme, amigo, es como sepoltura que separa al galonado de nosotros. ¿Acaso ha oído lo qu tú li’as dicho? “Se va a suicidar”, dijo de mí. Yo ahura me río; él echó su baba entuavía más, alombrándole con tantísimas linternas, al mísero d’esta vida, al “Clavel”. “Muévete”, le ordenó; y él vino, como si todos los llantos de las criaturas que dicen que lloran en el limbo, lu’acompañaran al infelice. Cuando yo maldije a los qu’habían hecho de la criatura esa triste miserableza qui’andaba p’tras, cansao, mostrando su maldición; el uniformado dijo: “Entonces, también el señor se va a suicidar”, Si’hay en tu delante un anemal que parece gente, pero un’es gente, mijor es ni’hablar. ¡Habla con tu concencia! ¡Hasta que extremocidades llega el humano en la Capital, que dicen! ¿Quién tuerce ansi el alma del humano? Porque, aunque en veces el mundo apesta, nace como flor, mismo como flor nace el humano. ¡Dios si’ha ido al monte!”
Recuerdo haber comparado, hace un tiempo, Los galgos, los galgos (de Gallardo) con cierto Cortázar, el del “descubrimiento esnob de París”. Ahora, por este extraño cruce que se me ocurre (infundadamente), la escritora vendría a tomar partido —de manera involuntaria, por supuesto— en la vieja y lamentable polémica Cortázar-Arguedas, pero del “lado” de éste.