26.5.07

Los intelectuales de izquierda y su
desesperada búsqueda de respetabilidad

James Petras

Introducción
Cuando George Soros, uno de los más grandes y rapaces especuladores del mundo, publicó un libro que cuestionaba algunos de los aspectos más destructivos del capital especulativo, los intelectuales de izquierda se apresuraron a reproducir sus citas como evidencia de que, efectivamente, “el capital global” era una amenaza para la humanidad. La parte curiosa de este escenario es que Soros ganó publicidad gratis, aumentó sus regalías, y adquirió estatura política e intelectual, mientras seguía beneficiándose de las ganancias de sus fondos de especulación.
Este no fue un caso aislado: más temprano que tarde, los intelectuales de izquierda buscan fuentes “respetables” para apoyar sus argumentos, citándolas como “impecables” o “sin afinidades de izquierda”, como si la investigación y la escuela de izquierda fueran menos confiables o menos convincentes. La búsqueda de una respetabilidad burguesa por parte de la izquierda tiene profundas implicaciones en la discusión del problema de la hegemonía burguesa sobre las clases populares y el crecimiento de una cultura alternativa en lo político y lo intelectual.
Uno de los aspectos más impresionantes de la política contemporánea es la brecha entre las condiciones, objetivamente en descenso, de la clase obrera y campesina, y las respuestas subjetivas, que son difusas, fragmentadas, y frecuentemente están bajo la tutela de partidos neoliberales. Este contraste es muy claro en el Tercer Mundo, pero también está presente en los países capitalistas avanzados.
Mientras que las desigualdades entre clases sociales, razas, géneros y regiones se han incrementado, y los servicios para la clase obrera han sido recortados a fin de conseguir impuestos más bajos y subsidios más altos para los ricos, la respuesta subjetiva ha cambiado: las huelgas y las protestas tienden a ser vistas como reacciones defensivas; los movimientos agrarios no tienen aliados urbanos, y la mayoría de los intelectuales están disociados de las luchas populares o han aceptado premisas de la ideología neoliberal, como que la globalización es inevitable e irreversible. En una palabra, la “hegemonía burguesa” juega un rol vital para asegurar la estabilidad de un sistema social altamente desigual y explotador.
La hegemonía burguesa es un producto de numerosos factores, incluyendo los medios de comunicación y las instituciones culturales del Estado. Sin embargo, es también el resultado del pensamiento y los métodos de trabajo de los intelectuales de izquierda, que buscan legitimar su producción intelectual en el mundo burgués. Hoy, muchos intelectuales de izquierda toman prestados y han asimilado para su análisis del mundo contemporáneo los conceptos claves y el lenguaje de teóricos burgueses y publicistas. Estos incluyen términos como “globalización”, “capital desestatizado”, “revolución de la información”, “ajuste estructural”, “flexibilidad laboral”, entre otros. Estos conceptos son parte integral del sistema imperial y de la ideología neoliberal; y se entienden en el contexto de un sistema de poder que busca disfrazar y legitimar su dominio. Aún más, los intelectuales de izquierda evitan usar conceptos más precisos, que son mucho más útiles para identificar las configuraciones contemporáneas del poder, como: imperialismo en lugar de globalización; Estado imperial en lugar de corporaciones desestatizadas; crecimiento del poder financiero en lugar de “revolución de la información”; explotación intensiva/extensiva en lugar de flexibilidad laboral; involución económica en lugar de reforma económica; reconcentración y monopolización de la riqueza en lugar de ajuste estructural. La cuestión de esta mimetización intelectual, en la que un lenguaje y conceptos amorfos y decepcionantes son adoptados por los intelectuales de izquierda contemporáneos, en lugar de un lenguaje más preciso y vigoroso, nos lleva a una pregunta: ¿por qué la izquierda cae víctima o, mejor aún, sigue los pasos de la burguesía al trabajar para la construcción del paradigma de la “globalización”?

El gran problema
Este ensayo busca establecer que el hecho de que los intelectuales de izquierda muevan el rabo frente a la burguesía, en las cuestiones del paradigma de la “globalización”, es parte de un problema mayor, fuertemente relacionado con la subordinación a la cultura burguesa; es decir, el hecho de mirar hacia la cultura dominante como fuente de veracidad, objetividad, prestigio y reconocimiento.
La subordinación de los intelectuales de izquierda a la cultura burguesa coexiste con el desarrollo de una crítica parcial a las instituciones y la cultura de los burgueses. Los intelectuales de izquierda que trabajan con el concepto del paradigma burgués de la globalización están en búsqueda de una respetabilidad y un reconocimiento que no podrían obtener si trabajaran con el concepto del paradigma imperialista.
La búsqueda de los intelectuales de izquierda del prestigio, el reconocimiento, las afiliaciones institucionales y la certificación de la burguesía, implica aceptar, de facto, los valores que se asocian con este grupo. Esta aceptación de valores y prácticas juega un papel importante en la perpetuación de la hegemonía burguesa, a pesar de la retórica de protesta y contrahegemonía de los intelectuales. El hecho es que estudiantes, trabajadores y en general las clases populares siguen lo que los intelectuales de izquierda dicen y hacen, y la identificación institucional y simbólica de los reconocimientos que persiguen en sus carreras y su vida diaria, habla elocuentemente de qué es lo que realmente valoran.
Un aspecto importante dentro del avance y el reconocimiento de la carrera, así como en conseguir una posición en una institución burguesa prestigiosa, tiene que ver con jugar las reglas del juego en el trabajo intelectual. Siguiendo las reglas de este juego, la izquierda intelectual legitima el llamado burgués a la legitimación y refuerza su posición hegemónica.

Legitimando la hegemonía burguesa
Una de las principales reglas seguidas por los intelectuales de izquierda es citar fuentes burguesas, incluso cuando hay fuentes de izquierda que pueden ofrecer una perspectiva crítica. El pseudoargumento que muchos intelectuales de izquierda enarbolan es que, al citar fuentes burguesas en vez de fuentes de izquierda, serán más convincentes con el “público en general” o el mundo académico. Los intelectuales de izquierda logran varias cosas procediendo de este modo. En primer lugar, refuerzan la autoridad de los autores burgueses, proponiéndolos como una fuente de verdad objetiva. Segundo, refuerzan y perpetúan la invisibilidad de los investigadores de izquierda y de su trabajo, pues no reconocen su contribución. Tercera, adquieren respetabilidad y aceptabilidad, al compartir con sus colegas burgueses una bibliografía común y un entendimiento común de “lo que hay que leer”. Cuarto, el citar críticas de notorios procapitalistas contra el capitalismo les permite rediseñar su imagen y les da una futura plataforma para denunciar a la izquierda.
La respuesta de los intelectuales de izquierda al libro de George Soros es un ejemplo perfecto. Soros tiene una bien ganada reputación como un especulador que ha ganado millones mediante el saqueo de economías y la ruina de países enteros antes, durante y después de la publicación de su libro. Jugó, y continúa jugando, un papel de primera línea en el sabotaje de instituciones culturales y en la cooptación de intelectuales, particularmente en países excomunistas que han implantado el libre mercado y han quedado devastados por ello. A pesar de estos antecedentes, los intelectuales de izquierda se encontraron citando sus críticas a las actividades especulativas y a los excesos capitalistas, como si él fuera una autoridad especial sobre los estragos del capitalismo. En su desesperada búsqueda de reivindicación, los intelectuales de izquierda citaron a Soros para apoyar sus críticas al neoliberalismo, obviando el hecho de que, incluso mientras el libro salía a las librerías, Soros hacía millones mutilando las economías asiáticas. El aislamiento de los movimientos de masas de los intelectuales de izquierda, y su postración frente al poder burgués, es lo que los lleva a buscar personalidades de derecha para justificar sus argumentos frente a públicos burgueses.
La relación de los intelectuales de izquierda con el Banco Mundial es otro ejemplo que ilustra esta búsqueda de respetabilidad. El Banco Mundial publica anualmente un apéndice estadístico que incluye datos sobre la pobreza en el mundo. Es frecuente que los intelectuales de izquierda citen estos datos para defender sus argumentos, sin examinar críticamente cómo se mide la pobreza y en qué forma es subestimada. Los intelectuales de izquierda consideran el Banco Mundial una autoridad intachable en el tema de pobreza, precisamente porque es una institución con credenciales derechistas y neoliberales. El hecho es que los datos del Banco Mundial no son confiables, y sus formas de medición de la pobreza son totalmente inadecuadas. Su “límite de pobreza” es un dólar por día, lo cual no permite vivir en ningún país del mundo. Si los investigadores de izquierda produjeran un índice adecuado, doblarían o triplicarían el número de pobres en el mundo. Sin embargo, al citar el Banco Mundial, los intelectuales de izquierda apelan a sus colegas “conservadores”, demostrando que comparten las mismas fuentes. Al citar la autoridad del Banco Mundial, refuerzan la imagen de éste como una “fuente confiable de información”. Las medidas del Banco Mundial en el Tercer Mundo llegan al absurdo de que los porcentajes de población que vive en la pobreza en el sudeste asiático están casi al mismo nivel que en los Estados Unidos y Canadá. En lugar de reconocer que la ideología neoliberal del Banco Mundial moldea los indicadores y los medidores de pobreza, los “astutos” intelectuales de izquierda piensan que pueden separar una de otros, y salvarse de la ardua tarea de construir sus propios medidores de pobreza y de hacer su propio trabajo de campo o, peor aún, de citar los datos y las estadísticas que otros investigadores y militantes de izquierda han recopilado.
La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) es otra fuente de datos y punto de referencia para los intelectuales de izquierda. Una vez más, presentan la CEPAL como una fuente intachable, sin ningún tinte izquierdoso (como si ser de izquierda fuera algo que contaminara la información). Por ejemplo, los intelectuales de izquierda usan frecuentemente los datos de la CEPAL sobre privatización de empresas públicas (que es, de hecho, una parte clave de la agenda política de la CEPAL). Pero una mirada cuidadosa a los documentos de la CEPAL revela que rara vez discuten la corrupción y las concesiones que siempre existen dentro de las privatizaciones. La CEPAL siempre describe las transacciones como un proceso puramente económico, y asegura que no se involucra en los aspectos políticos, ni en cómo los políticos organizan las privatizaciones, ni mucho menos en las consecuencias negativas que puedan tener en el corto o el largo plazo. En términos generales, la CEPAL dice que las transacciones del Estado deben ser transparentes, pero no enfrenta el hecho de que las privatizaciones no lo son. La pregunta es: ¿por qué la CEPAL continúa promoviendo recetas de privatización, cuando sabe de primera mano que el proceso es corrupto y que involucra la renuncia a recursos necesarios por precios irrisorios? Conociendo esta tendencia de la CEPAL, ¿por qué los intelectuales de izquierda siguen citándola cuando prominentes escritores y periodistas de izquierda han publicado discusiones más completas y críticas? Al hacerles el juego a Soros, al Banco Mundial y a la CEPAL, usando su información, legitimando sus fuentes y tomando prestado su lenguaje, los intelectuales de izquierda extienden la hegemonía burguesa.

Personalidades burguesas prominentes
En su constante búsqueda de respetabilidad, los intelectuales de izquierda no sólo miran hacia las instituciones burguesas para repetir sus argumentos, sino que también buscan personalidades burguesas prominentes, con nombre y prestigio dentro de los círculos burgueses, para promover causas populares. Frecuentemente, al organizar un evento público, los intelectuales de izquierda ignorarán a autores, activistas o líderes de izquierda consecuentes, para favorecer a algún actor, abogado, juez o escritor “progresista”, que no tiene práctica ni luchas en sus antecedentes, pero ofrece algunas obviedades que no educan a nadie y no resuenan entre la gente de acción.
Al promover a individuos con “estatus de celebridad” en los medios, como una forma de atraer publicidad y público curioso, los intelectuales de izquierda sacrifican el contenido de sus reuniones. El costo político puede ser significativo: las reuniones políticas se convierten en un espectáculo, un entretenimiento que más bien despolitiza, en lugar de educar a la gente sobre las causas y las consecuencias sociales. Más aún, los intelectuales de izquierda frecuentemente tienen que ser quienes terminen dando explicaciones sobre los “lapsus” de los burgueses prestigiosos, celebridades que frecuentemente confunden la violencia popular por la defensa de la tierra y una forma de vida con la violencia predadora de los poderes imperiales.
“Por supuesto —dirán en su defensa los intelectuales de izquierda—, él o ella no es uno de los nuestros, pero vean cuánta gente vino, miren cuántos centímetros nos dieron en la prensa burguesa, cuántos segundos en la televisión”. En nombre de una “mayor unidad”, la izquierda crea una plataforma para discursos de celebridades burguesas que frecuentemente derivan de críticas del sistema a la de una política, de una política a otra, y de otra a la crítica de una personalidad equis, oscureciendo el sentido de la reunión. Aún peor, las celebridades burguesas que los intelectuales de izquierda suponen progresistas en un evento público, al día siguiente pueden celebrar con altos dignatarios de un régimen regresivo..., lo que desacredita a la izquierda y siembra confusión entre la gente sobre la naturaleza de las políticas de izquierda y cuáles son sus líderes y sus voceros.
Debido a que los intelectuales de izquierda están obsesionados con la aprobación de los medios y la respetabilidad burguesa, prefieren buscar a burgueses notables que tengan un “oído sensible”, aunque esto sirva a sus intereses, en lugar de construir apoyo mediante organizaciones de base.

La búsqueda de símbolos de prestigio burgués
Los intelectuales de izquierda “mueren” por el reconocimiento de sus colegas burgueses y despreciarán la acción pública, denunciarán a colegas y adoptarán posturas serviles para complacer a sus jueces superiores y conservadores, en la esperanza de asegurarse un símbolo de prestigio burgués. Estos símbolos son un boleto hacia la promoción y la legitimación, a los ojos de los intelectuales de izquierda con movilidad ascendente. Los intelectuales consecuentes con compromisos en luchas populares no reciben ningún reconocimiento de prestigio. Para los intelectuales de izquierda, ganar un premio Nobel, una beca Guggenheim o de la Fundación Ford es visto como la culminación de una carrera exitosa. Certifica, ante el poder académico de elite, que el intelectual de izquierda puede ser respetado por abstenerse de cualquier lucha antiimperalista o anticapitalista. Es comprensible que Jean-Paul Sartre rechazara el premio Nobel. El empeño por conseguir premios y reconocimientos burgueses presupone ciertos compromisos, y eso está sobreentendido tanto por las fundaciones euronorteamericanas que los dan, como por los intelectuales que se los piden.
Pero los intelectuales de izquierda, cuando acuden a actos políticos, citan estos mismos títulos y premios al presentar al “prestigioso” orador. La izquierda hace reverencias ante los premios burgueses como evidencia de su propia integridad y conocimiento. Al dar un lugar prominente a estos títulos, convencen al público de que efectivamente la izquierda ha llegado a tener un cierto nivel intelectual. De hecho, lo que la izquierda hace es legitimar los estándares y los procesos de selección burgueses que determinan el acceso a las recompensas. En pocas palabras, al cortejar los premios burgueses, la izquierda refuerza la hegemonía burguesa. El anhelo de respetabilidad burguesa también se encuentra en el lugar que se les da a las identidades institucionales: los intelectuales de izquierda presumen de ser graduados de Harvard, Yale, Princeton, Oxford, Cambridge, la Sorbona, como si estos no fueran centros en donde se adoctrina a los estudiantes con doctrinas neoliberales y proimperalistas, y donde uno sólo aprende a decir algo significativamente crítico sobre el Imperio a pesar de los profesores y los seminarios. Y aún así la identidad institucional es subrayada por los intelectuales de izquierda al presentar a un orador o un escritor. Esto es verdad también cuando se habla de funcionarios gubernamentales retirados a quienes los intelectuales de izquierda les dan importancia. Uno no puede negar que los antiguos funcionarios de un gobierno puedan cambiar su forma de pensar y convertirse en críticos del Estado, pero el punto de convergencia con la izquierda debería ser el hecho de que son exfuncionarios, y no los dueños de antiguas posiciones de “prestigio” en un régimen burgués.
Como hace mucho tiempo señaló Karl Marx, la hegemonía burguesa se renueva constantemente, mediante el reclutamiento de individuos talentosos que provienen de clases populares. Esto se hace frecuentemente dando becas a estudiantes pobres pero brillantes, que van a universidades “de prestigio”, donde son “reeducados” y entrenados para servir a las clases dominantes. La izquierda debe leer y escuchar lo que dicen los intelectuales a pesar de sus prestigiosas credenciales institucionales, no debido a ellas.
Aparte de los premios y las identidades institucionales, los intelectuales de izquierda están en búsqueda perpetua de patrocinadores burgueses para sus eventos: personalidades, instituciones, funcionarios. La idea es que, cuanto más burgués es un patrocinador, mayor serán la respetabilidad, la legitimidad y el público. De hecho, esto lleva a una mayor visibilidad y legitimidad de las instituciones burguesas del poder, mientras que las instituciones más marginales o radicalizadas se hacen invisibles.

Como aseguran su carrera los intelectuales de izquierda
Ser una persona de izquierda activa y crítica tiene un costo político que no es menor cuando se persigue una carrera académica. Aún así, muchos intelectuales han seguido senderos que los han llevado a una carrera exitosa dentro de instituciones burguesas y han logrado retener una pequeña parte de sus credenciales de izquierda. Podemos identificar al menos cuatro estrategias de carrera para los respetables y móviles intelectuales de izquierda.
La primera estrategia puede describirse como el enfoque de “congelamiento”, en donde los intelectuales de izquierda mantienen un perfil bajo durante años, haciendo investigaciones más o menos convencionales, mientras logran una posición dentro de la institución y consolidan su carrera, y esperan el día de “volverse” radicales. El problema es, por supuesto, que la mayoría de los “criptoizquierdistas”, en el tiempo de adaptación a las exigencias de sus carreras exitosas, finalmente terminan creyendo lo que están haciendo y nunca se “vuelven”: se convierten en lo que hacen... Para la minoría que se “convierte”, el pastel queda entero: obtienen una identidad prestigiosa en el mundo burgués y el aplauso de la izquierda, particularmente porque le añaden a su retórica radical el mérito, según la izquierda, de un título prestigioso.
La segunda estrategia para asegurar una carrera dentro de una universidad de prestigio es combinar la investigación convencional y hacer, entre los momentos de trabajo y las pláticas de pasillo, cháchara radical. Ser de izquierda como si fuera un “apostolado” es particularmente atractivo para los guardianes burgueses de la academia, porque esto no afecta la investigación científica y no cuestiona el rol del sistema educativo para reproducir líderes de elite o entrenar trabajadores conformistas. Esta izquierda puede describirse como la “izquierda de cóctel”, que en escenarios privados puede ventilar sus inconsecuentes puntos de vista mientras trabaja para subir en el escalafón académico.
La tercera estrategia para el éxito de la izquierda dentro de la academia yace en el tiempo y el esfuerzo desproporcionados que se dedican al trabajo académico convencional, en comparación con los escasos esfuerzos que se dedican a movimientos populares. En esta estrategia, el intelectual de izquierda dedica meses y años a preparar documentos y publicaciones para consumo académico, mientras que improvisa conferencias con material anecdótico para sus audiencias radicales/populares, reciclándose frecuentemente o repitiendo la misma plática del año anterior. En algunos casos, los intelectuales de izquierda, a pesar de contar con fondos sustanciosos para su trabajo, simplemente ofrecen reminiscencias de un pasado radical; la nostalgia se convierte en sustituto de un análisis serio. Estas reminiscencias no requieren ningún análisis que pueda llevar a compararlas con luchas actuales, son pura improvisación y anécdotas del tipo más superficial e impresionista.
Finalmente, están los académicos de izquierda que investigan y dirigen becas como académicos “desinteresados”, lejos de las luchas, los movimientos y los compromisos políticos. Escriben sobre la clase trabajadora sin ninguna perspectiva política. Es probable que den información útil si otro puede elaborar un marco político e intelectual que sirva para unir esa información a eventos políticos contemporáneos. Esta estrategia de éxito académico tiene algo de mérito y utilidad si es que hay otros intelectuales o activistas que han realizado el riesgoso trabajo político de construir un movimiento; de otra forma, sólo sirve para extender el currículum vitae. Este tipo específico de académico de izquierda es particularmente abundante en Estados Unidos, donde hay conferencias anuales que imitan las reuniones profesionales, en las que los académicos hablan sólo entre ellos o, en otras palabras, se divorcian de los movimientos populares. Este divorcio ha garantizado que muchos izquierdistas consigan cargos altos y bien remunerados en universidades de prestigio.
Las consecuencias de estas prácticas de los intelectuales de izquierda han sido, primero, el reforzamiento del prestigio y la legitimidad de las instituciones, las ideas y las personalidades burguesas, mientras que los análisis y las posiciones de activistas de izquierda se hacen invisibles, perpetuando una especie de complejo de inferioridad y marginalidad de la izquierda. Segundo, debido a que los académicos de izquierda sirven como modelos para la generación de futuros académicos, su comportamiento propicia el arribismo. La práctica de este arribismo perpetua el mito, sobre todo en el Tercer Mundo, de que el “verdadero conocimiento” está en el extranjero, en las universidades con prestigio de marca, y que los intelectuales locales nacionales son de calidad inferior y, ciertamente, no son modelos a seguir. Tercero, por razones de su propia agenda y condición, los intelectuales de izquierda de instituciones de prestigio ignoran y reafirman las distorsiones ideológicas, las mistificaciones y los erróneos marcos teóricos y conceptuales que se enseñan en los centros prestigiosos de educación superior. La desviación ideológica que se produce en estas instituciones es obviada por intelectuales de izquierda, que rara vez desafían el trabajo de sus colegas, y mucho menos el currículum, pues saben que serían castigados. En todo caso, si alguna vez verbalizan algún tipo de disconformidad, es su presencia en las instituciones y su procedimiento de acceso lo que alimenta las ambiciones de nuevas generaciones. Lo más asombroso sobre los intelectuales de izquierda en universidades de prestigio, y los que buscan entrar a ellas, es cómo suspenden sus críticas a los patrocinadores, las fundaciones y las personalidades burguesas que financian las principales agendas de investigación para perpetuar y extender el poder imperial. Al suspender sus críticas, los intelectuales de izquierda aumentan sus posibilidades de aparecer en diarios de prestigio, conferencias internacionales y posiciones lucrativas dentro de la academia. Logran reconocimiento académico y su promoción a puestos de honor, que requieren mantener buenas relaciones con los guardianes de la academia burguesa. Los intelectuales de izquierda tienden a ser muy colegiados, incluso con colegas que apoyan las guerras imperialistas y diseñan programas neoliberales que están devastando el Tercer Mundo.

Intelectuales contemporáneos
Hay una gran variedad de “estilos de vida” para ser un intelectual de izquierda hoy en día, frente al poder y la riqueza del Imperio euronorteamericano.

- Intelectuales en alquiler
Este es el tipo de intelectual que hoy vaga por el espectro político, ofreciendo sus servicios a una variedad de patrones. Un reconocido intelectual francés denunció las huelgas de empleados en 1995, fue al encuentro internacional zapatista en el verano de 1996 y después voló para encontrarse y halagar al presidente derechista de Uruguay. Estos intelectuales son para todos los lugares y precios. Su postura pública tiene sus motivaciones en la necesidad de reconocimiento y publicidad de cualquier bando, pero también en firmes principios intelectuales: no están “vendidos” a la derecha, están rentados e incluso están disponibles para la izquierda en ciertas ocasiones.

- Intelectuales domésticos
Son aquellos cuyo universo son otros intelectuales o incluso su “reflexión interna”. Estos intercambios incestuosos son particularmente abundantes entre los posmodernistas, que discuten cuántas identidades podrán soportar. Tienen su propio lenguaje exótico, que solo comprenden los iniciados, y su trabajo se concentra, en gran parte, en descifrar textos y lenguajes divorciados del mundo objetivo.

- Intelectuales en angustia perpetua
Hay intelectuales que están en angustia perpetua, que planean sobre los problemas socioeconómicos (“neoliberalismo” y “globalización”) y nunca pasan del lugar común “debemos encontrar una alternativa”. Ignoran las luchas diarias que buscan crear alternativas; le temen al problema (imperialismo) y le temen a la solución (transformación).

- Los pesimistas
Otra pose intelectual común es la del izquierdista que se baña en derrotas históricas y encuentra en ellas un pretexto en la medida en que hacen incierto un nuevo y pragmático acomodo con el estatus quo. Al dramatizar las pérdidas políticas, como batallas profundas e irreversibles, evitan reconocer las nuevas luchas revolucionarias que emergen en el Tercer Mundo, los movimientos sociales que se oponen a la OMC en el Este, a los movimientos de campesinos militantes y trabajadores del transporte, el rechazo masivo de consumidores y productores hacia los patrocinadores corporativos de alimentos y semillas genéticamente alteradas, etcétera. El pathos pesimista se convierte en una coartada para la inacción y el desentendimiento, o en un billete de ida hacia las políticas liberales, que son percibidas como lo único disponible.

- Intelectuales irreverentes
En agudo contraste con las posturas antes mencionadas, existe el intelectual irreverente hacia los protocolos académicos, que no se impresiona con títulos y premios, y que incluso es respetuosos ante los militantes que están en los frentes de combate anticapitalistas o antiimperialista. Son constantes y productivos en su trabajo intelectual, que está motivado en gran medida por las grandes cuestiones que enfrentan las luchas sociales. Son irónicos y antihéroes, cuyo trabajo es respetado por la gente que trabaja para la transformación social básica. Son objetivamente partidarios y partidariamente objetivos. Los intelectuales irreverentes escuchan y discuten con los pesimistas y otros intelectuales, a pesar de sus títulos y pretensiones, para ver si dicen algo que valga la pena. Para el intelectual irreverente y comprometido, el prestigio y el reconocimiento derivan de los activistas y los movimientos intelectuales que están involucrados en luchas populares. Trabajan con estos intelectuales y activistas. Conducen investigaciones que busca fuentes originales de información; crean sus propios indicadores y conceptos, por ejemplo, para identificar la verdadera profundidad de la pobreza, la explotación y la exclusión. Reconocen que los premios y las condecoraciones son parte de un sistema que sostiene la hegemonía burguesa y que hay unos cuantos intelectuales en universidades de prestigio que están claramente comprometidos con luchas populares. Estas excepciones, dicen, deben ser notadas, aunque reconociendo que muchos sucumben al espejismo de la acreditación burguesa durante el ascenso por el escalafón. Los intelectuales irreverentes admiran a Jean-Paul Sartre, quien rechazó un premio Nobel en medio de la guerra de Vietnam. Y, sobre todo, los intelectuales irreverentes luchan contra la hegemonía burguesa junto con la izquierda, integrando su pensamiento y su enseñanza, evitando dividir lealtades. En pocas palabras, los intelectuales irreverentes trabajan en la formación de una cultura contrahegemónica.

Conclusión
Mientras que buena parte de la investigación alrededor del tema de la hegemonía burguesa se ha realizado mediante el examen de instituciones, los medios, los centros educativos y la propaganda de Estado, se ha puesto poca atención a cómo, dentro de la izquierda, los signos y los símbolos de esta hegemonía son transmitidos, en forma putativa, por los intelectuales de izquierda. Los intelectuales son un grupo importante, particularmente para dar forma a la subjetividad de los estudiantes y, en ciertos contextos, de las clases populares. En la medida en que son visibles y tienen acceso a los medios, representan otro canal a través del cual se forma la subjetividad o conciencia política. Sus valores, su carrera, sus opciones educativas y sus ambiciones juegan un rol en el momento de dar forma a “modelos de comportamiento” y de transmitir mensajes que tienen un impacto en grupos estratégicos que se convertirán en líderes de opinión. El grado en que los intelectuales han absorbido metas burguesas e interiorizado el sistema burgués de prestigio se convierte a su vez en un mecanismo que prolonga y profundiza la hegemonía burguesa, especialmente dentro de la izquierda. El problema de la subjetividad es clave hoy en día. Hay cada vez más desinterés popular a lo largo del Tercer Mundo, e incluso en países imperialistas. La clave del cambio está en ligar estos descontentos con movimientos de transformación social. Esto requiere teorías revolucionarias, conceptos críticos e intelectuales comprometidos que den una doble lucha: contra los poderes burgueses y contra el doble discurso de los intelectuales de izquierda.


Traducción del inglés: Myriam Vidriales
Revisión: Pablo Valle


(Para ver este documento en el idioma original se puede ir al sitio de ALAI.)