3.11.08

Diálogo/s

He observado una tendencia muy firme en la literatura argentina actual, que es la de no usar diálogos con los respectivos guiones largos y en líneas separadas, sino incluido dentro de los párrafos, con o sin comillas, o directamente en estilo indirecto (esto último es un fenómeno de otra naturaleza, que habría que considerara aparte).
No es sólo influencia del alemán o del inglés –donde la ortotipografía es muy distinta-, aunque también es eso. (Recordar los interminables dijo que dijo que dijo de Bernhard, Sebald, Saer, Piglia, ¡Feinmann!) Parece que el sistema tradicional está mal visto. Una vez, lo afirmó irónicamente Beatriz Sarlo (en una clase que yo presencié, no sé si lo escribió): el párrafo denso, apretado, sin puntos aparte, es un signo –quizás, seguramente arbitrario- de buena literatura. Decía que ella, cuando buscaba libros para leer, especialmente en otros idiomas, más de una vez se dejaba llevar por este prejuicio, esta suerte de horror vacui que la arrastraba hacia el párrafo interminable. (Con lo cual me perdía siempre a Hemingway, acotaba, risueña.) De paso, este párrafo, y el paréntesis de recién, aunque no debería decirlo, son un ejemplo de lo que estoy diciendo.
El párrafo “abierto”, cortado por diálogos en estilo directo, parece remitir al policial o a la novela de amor o aventuras. Vade retro.
Yo ya he confesado hasta el hartazgo mi admiración absoluta por Beckett, Bernhard, Sebald, etc. Es hora de que confiese también que me encanta escribir con diálogos abiertos en estilo directo. ¿Debería dedicarme al teatro y al cine, o esperar a que cambie el canon?