19.11.08

Irse/3

Releyendo el post anterior sobre este tema, me doy cuenta de que hay un camino intermedio, más pedestre, más cobarde: la fantasía de padecer una enfermedad grave (aunque quizás no terminal).
Una enfermedad que obligue a estar mucho tiempo en cama, postrado, cuidado, sin posibilidad (y, por lo tanto, sin obligación) de hacer nada. Incluso estaría dispuesto a no leer ni escribir, si se me garantiza que mi nivel de conciencia baja casi hasta un estado comatoso.
Mmmm: acá la fantasía deriva hacia una coexistencia imposible entre la ausencia de angustia inherente al pensamiento normal y la facultad intelectual de escribir "mentalmente", como el protagonista de "El milagro secreto", de Borges, o como yo intentaba hacer (sin mucho éxito) cuando estaba de guardia en la colimba.
De estas estupideces se alimenta la esperanza, o su otra cara: la imposibilidad de poner un final a todo, incontestable y merecido.