1.3.09

F/F

Hace un rato, a un amigo que me reprochaba (con amabilidad y justeza) ser un poco condescendiente en mis críticas, le dije "definitivamente, no soy Viñas (obviamente). Soy más bien como Nicolino Locche: pego cuando no hay más remedio...".
Pero hoy Feinmann me recontrasaturó en su contratapa para Página/12, sobre John Ford. Ya sé que hace mucho viene militando a favor del cine de Hollywood, incluso en su programa de TV, pero lo de hoy es demasiado. Aun pensando, con buena voluntad, que se trata de un amor a la paradoja, y no del mero esnobismo intelectual que supuestamente critica: un peronista que conoce a Jauretche de memoria (lo dudo) elogiando la cultura del imperio.
John Ford fue quien era, no lo voy a discutir acá, quizás más adelante. No era John Huston, por ejemplo, que de vez en cuando al menos intentaba ser independiente. Fue, entre otras cosas, quien entronizó a John Wayne como encarnación del "ser nacional" yanqui. No digo que no tuviera contradicciones (ver, sí, la excepcional, subrayo excepcional, The Man who Shot Liberty Valance o Un tiro en la noche), pero intentar dialectizarlo con fórceps, como lo hace Feinmann, no se sostiene ni medio segundo.
Nunca se vio tan claro que a Feinmann las pastillas le hacen mal como en un párrafo como éste: "Siempre me resultó más fácil entender el existencialismo tardío de Bergman y Antonioni que el universo fordiano. Y aclaro: amo el cine europeo. Visconti, Monicelli, Fellini, Dino Rissi (sic), muchas de Godard y ni hablar del expresionismo alemán y el neorrealismo italiano." El Corán junto al termotanque.
Después dice que Bergman en un pocket-Kierkegaard y Antonioni un pocket-Camus... Hay mucho para decir, bueno y malo, sobre Bergman y Antonioni, pero a Feimann no se le ocurre nada mejor que esas comparaciones absurdas. Más bien los utiliza para oponerse al "nuevo cine argentino" (que no serviría para nada ¡porque no narra nada!), elogiar al crítico Carnevale (cuyas provocaciones son deliberadamente exageradas, más que nada quiere incitar a un debate), a la revista El Amante (epítome del esnobismo apolítico de los noventa) y ¡a Héctor Olivera! (pero esto en el suplemento sobre el peronismo).
Bueno, por ahora no tengo mucho tiempo para seguir.
Sólo recomiendo ver dos peliculas. El grito, de Antonioni, como lúcida liquidación del neorrealismo (más que La strada, probablemente), y Sonata otoñal, de Bergman, donde la diferente forma en que madre e hija interpretan un preludio de Chopin es una lección inigualable sobre música, arte, cine, vida.
Otra que John Ford.

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