2.12.04

Núcleo

Tal vez sea un error pensar que hay un núcleo interior propio al que nadie puede acceder, que nadie puede destruir; llamémoslo vocación, pasión, deseo, obsesión, “el palacio de la memoria”, incluso una enfermedad preciosa, cuidadosamente cultivada. Un refugio, un santuario en el que uno se oculta cuando todo está mal, en medio de un duelo o de un subte, tomando un examen o dándolo.
Recuerdo que Wilson, el protagonista de 1984, de George Orwell, creía eso, que ni en la situación más terrible iba a dejar de ser él mismo, iba a traicionarse, a traicionar su ser más profundo, ese núcleo. Pensaba que su deseo más constituyente era intocable. Pero, cuando, sabedores de su miedo más profundo, lo amenazan con torturarlo con las ratas (à la Pinochet), su yo se desmorona y hasta su deseo se transforma, y grita lo que nunca pensó que iba a gritar.
Será un error, pero ¿cómo vivir sin ese consuelo?