5.9.05

"La entrada de las fuerzas zapatistas en la Ciudad de México produjo natural curiosidad, dada la extraña catadura de nuestros visitantes, alguno de los cuales dio en el Principal una prueba de nobleza de sus sentimientos. Se representaba una zarzuela española muy popular entonces -La alegría del batallón-, en la que una linda gitana –La Dolores- era amada por un apuesto mozo, el soldado Rafael. Pero el tal Rafael era además un calabaza, y con la ilusión de desposar a la Dolores desertó y robó además, para hacerse de dinero, motivo por el cual fue a dar con sus huesos a la cárcel. Allá lo fue a ver la Dolores, y juntos cantaban a dúo enternecedor cuando apareció un guardián bigotón y muy bruto, quien echándose el rifle al hombro gritó: “¡Vete, gitana, que disparo...!”
Un soldado zapatista, sentado en busca de primera fila, escuchaba el dúo con lágrimas en los ojos. Mas no acababa el guardia de amenazar a la pareja cuando el suriano sacó un pistolón pavoroso, y le apuntó a la cabeza: “Ora, vale, o los dejas quererse o te quiebro”, barbotó. Y aquello fue Troya: el público pateaba, gritaba y silbaba; huyeron el guardia y el soldado, y la Dolores cayó desvanecida" (José Fuentes Mares, La Revolución Mexicana, memorias de un espectador).