16.1.09

Enigmas

“—Me atrae la investigación. Desde niño leía las aventuras que muchos de ustedes protagonizaban y soñaba con hacer algo semejante algún día.
—Pero los niños dejan de ser niños. Y aquello con lo que soñaban se transforma, se borra, se corrompe.
—Yo sigo soñando con las mismas cosas —respondí, sin saber si mentía o decía la verdad.”

Este diálogo de El enigma de París, de Pablo de Santis (Barcelona, Planeta, 2007), es una breve —y quizás autocrítica— definición de su propia literatura, de su propia utopía estética. (O yo lo entiendo así por una forzada identificación: la literatura como superación —nunca concluida del todo— de la historieta.)
El enigma..., como Crímenes imperceptibles, de Guillermo Martínez, gira en torno a la formación de una serie; o sea, una sucesión de elementos que tenga alguna lógica interna (semántica, sintáctica, ambas). En este caso, se amaga con que la serie va a tener cuatro términos, pero en realidad “sólo” tiene tres. En ambos casos, es el último elemento el que da sentido, retrospectivamente, a la serie, es decir, el que la constituye como tal.
Pero esto ocurre siempre. El género policial (creo que la idea es de Dardo Scavino, pero no tengo la referencia a mano) pone de relieve, de manera elemental, lo que afirma Derrida sobre el significado: que no va hacia adelante sino hacia atrás; no procede por acumulación (cada signo “agrega” algo), sino por retrospección (el último “signo” explica a los demás). Sólo el punto final da (un) sentido a lo que lo antecede (ejemplo simple, que funciona bien en castellano: una frase puede ser tanto una aserción como una interrogación).
Pero, como en realidad, nunca hay un punto final-final —siempre puede haber otro signo, y de hecho siempre lo habrá—, el sentido resulta indecidible (versión fuerte) o provisorio (versión débil). Por eso el género policial, en tanto se propone conclusivo (al resolverse los “enigmas”), resulta “consolador”; y ése es el tipo de orden que se empeña en (re)construir: no sólo el orden de la ley, sino el orden de la Ley, del Logos, del Ser, etc.
En la Ñ de mañana (que me llegó hoy, extrañamente...), De Santis dice sobre Poe: “El cuento es un género que comienza por el final.”