18.1.09



- José Hernández, Instrucción del estanciero, Buenos Aires, Claridad, 2008.

Rara lectura para el verano, pero tengo que “darlo” en el primer cuatrimestre, así que prefiero repasarlo todo y bien desde ahora. (El año pasado sólo leí una selección.)
¿Podría leerse como un actual “manual de autoayuda”, en este caso, para el aspirante a estanciero? Sin duda, si el autor no fuera José Hernández, trabajando por encargo de Dardo Rocha, gobernador de Buenos Aires en 1881 (dos años antes, se había publicado la segunda parte del Martín Fierro).
Hernández se propone escribir “solamente” una obra práctica, dirigida a los estancieros, a aspirantes a serlo, o a sus mayordomos (de hecho, creo que es Halperín el que subraya la presencia desmesurada de este último: en el fondo, Hernández piensa en el propietario ausentista, típicamente argentino, o bonarerense).

Algunas notas que pueden interesar, sin demasiado rigor:
- Ante toda obra o hecho didáctico, siempre preguntarse: qué se enseña, cómo, quién y a quién. De todo esto, inferir un porqué.
- El estanciero (el mayordomo) debe conocer bien sus tareas, es evidente. Pero también para poder vigilar a sus subordinados (“el ojo vigilante del mayordomo”). Un sistema de estricto orden: del alambrado a los horarios de trabajo (Viñas). El gaucho no es vago, lo que no hay es trabajo..., etc.
- Insistencia en la fundación de una nueva era para la nación, a partir de la “recuperación” de los campos en realidad robados a los indios (1880): los “campos de afuera”, que son los que realmente hay que desarrollar.
- Primera conexión con el MF, entonces: el verdadero otro de la civilización (y Hernández se enrola definitivamente en ella) no es el gaucho, sino el indio, el “salvaje”. Coincidencia total con Sarmiento, quién diría.
- La Instrucción... como continuación o corolario de La vuelta...: “a ver si me dejan trabajar”. Sí, claro, pero hay que someterse a la jerarquía social y aprender las nuevas formas de trabajo.
- Clara ubicación del país en la división internacional del trabajo: el granero del mundo. La industria quedará para un futuro (que nunca llega).
- Orden, civilización, progreso, jerarquías, división del trabajo (interior y exterior), positivismo: palabras claves.
- El gaucho se convierte definitivamente en peón de estancia. O en chacarero. Relacionar con Los gauchos judíos y, de aquí, con otro oxímoron más grave pero igualmente utópico (y reaccionario): Guiraldes y su “gaucho-acajetillao”o “cajetilla-agauchao” (Fabio-Raucho, en espejo).
- Hablando de esto: apoyo insistente a las colonias con “hijos del país”. (Dice tanto que no está en contra de los inmigrantes, que uno deja de creerle.)
- El “práctico”, el baqueano de Sarmiento, siempre es el que sabe dónde están los mejores pastos, etc., pero al servicio de los intereses (económicos, cuáles otros) de su patrón.
- De vez en cuando, “se escapa” algún posible octosílabo: “El que tiene campo alambra(d)o / no pide ni da rodeo.” Esta prosificación virtual es sintomática. Desarrollar.