30.4.04

Gabriel Zaid, Los demasiados libros, Buenos Aires, Carlos Lohlé (Cuadernos Latinoamericanos), 1972, 112 pp.

(Una nueva edición de este libro ganó el premio de ensayo Anagrama hace pocos años, según creo. Realmente se lo merece.)
La primera parte hace breves reflexiones sobre la actualidad del libro. Todas sus “teorías” son innovadoras, y algunas, proféticas.
Por ejemplo, el tipo de librerías que debería haber: especializadas (“monográficas”) y “enciclopédicas”, con más de 100.000 títulos, quizás ubicadas en centros comerciales (!!!!!!).
Al principio hay un elogio del libro, pero es bastante paradójico, más que nada para oponerse al lugar común de que los medios audiovisuales estaban a punto de desplazarlo. Y, pese a que todavía no existía la videograbadora casera (cuya existencia anticipa), lo que dice sigue siendo vigente. Aun con Internet, que no se imaginaba siquiera.
En realidad, todo el libro está dirigido a demoler lugares comunes sobre el libro (su influencia, su precio, etc.), y el tono es de una ironía verdaderamente fina, con una prosa clásica de gran elegancia (como las que ya no hay): “Tu libro es una brizna de papel que se arremolina en las calles, que contamina las ciudades, que sopla sobre el planeta. Es celulosa, y en celulosa se convertirá” (p. 42).
Noticia rara: se calcula que hay aproximadamente 20 millones de incunables, es decir, libros impresos hasta 1500 (el dato es de Robert Escarpit; yo hubiera pensado en miles, como máximo).
Entre las ventajas más fuertes del libro, propone, sin ironía, y con toda justicia, que es el medio más barato. Un libro puede ser financiado por 1.000, 2.000, 3.000 lectores.
Una de las grandes desmitificaciones tiene que ver con el precio del libro (tema un poco abstruso al que está dedicada la segunda parte del libro). Dice que no siempre bajar el precio hace los libros más accesibles. (Y que los grandes “culpables” de que los libros se vendan poco son los universitarios, que deberían leer más pero no han aprendido suficientemente a hacerlo.)
La teoría central de la segunda parte es que “hay que desligar tiraje y precio”. No es cierto que subiendo el tiraje pueda bajar el precio (o subir las ganancias) porque los gastos fijos se “repartan más”. Enseña un cálculo, bastante difícil en su desarrollo pero fácil de aplicar mecánicamente, para determinar el tiraje “ideal” de un libro, que evite los gastos posteriores por almacenamiento de no vendidos (e invendibles); gastos que no figuran en la contabilidad y por eso se disimulan..., pero sí que existen.
Un placer para bibliófilos la lectura de este libro, a pesar de la segunda parte.