11.8.04

Concubinas

(Famosa anécdota sobre Sun Tzu.)

Un rey, llamado Ho Lu, lo convocó a su corte con la intención de que lo asesorara en futuras campañas, pero no tuvo mejor idea que pedirle al ya renombrado estratega una demostración de sus conocimientos. Sun Tzu pidió que le trajeran 180 mujeres del palacio. Las dividió en dos compañías y puso al frente de cada una de éstas a una de las concubinas favoritas del Rey. Les dio armas de madera y les explicó cómo debían formar, presentar armas y cambiar de flanco, según sus precisas instrucciones. Cuando les dio la primera orden, todas las mujeres estallaron en carcajadas y no se movieron. Sun Tzu, sin alterarse en lo más mínimo, dijo en voz alta: “Si las órdenes no son claras, no serán comprendidas, y la culpa es del general.” Volvió a dar sus instrucciones. Ante la primera orden, las mujeres volvieron a reírse. Sun Tzu, con infinita paciencia, repitió sus instrucciones. Pero otra vez sucedió lo mismo. Entonces, él dijo: “Si las órdenes no son claras, el culpable es el general. Pero si las órdenes son claras y los soldados desobedecen, la culpa es de los oficiales.” Y mandó decapitar a las dos concubinas favoritas. El Rey, viendo lo que el estratega se disponía a hacer, trató de detenerlo, declarándose satisfecho por la demostración. Sun Tzu le respondió: “Habiendo recibido de Su Majestad el mando del ejército, ya no puedo aceptar ciertas órdenes.” Las concubinas fueron decapitadas; Sun Tzu colocó en su lugar a otras dos y volvió a repetir las instrucciones. Esta vez, cuando dio la primera orden, las dos compañías obedecieron a la perfección. Entonces, el general se volvió al Rey y le dijo: “El ejército ya está entrenado y listo para una inspección de Su Majestad. Puede ser utilizado en cualquier misión que desee, hasta para atravesar el fuego y el agua.”

(PV, "Prólogo" a Sun Tzu, El arte de la guerra, Buenos Aires-México, Saga Ediciones, 2004.)