29.8.09

Papeles viejos/7

- Ezequiel Martínez Estrada, Cuentos completos, edición preparada por Roberto Yahni, Madrid, Alianza, 1975.

* “Viudez”
El campo se convierte en un universo de pesadilla, a partir de la viudez de una mujer todavía joven que no sabe cómo va a salir adelante con sus cuatro hijos y su chacra amenazada por la sequía.
Los lazos sociales están totalmente rotos: sus vecinos no pueden ayudarla, su propio cuñado la acosa, un desconocido disfrazado de indio la viola junto a su hija (luego de emerger simbólicamente de una niebla cerrada).
Es carnaval: falsa alegría, máscaras que se comportan extrañamente, un payaso muerto es depositado en la Delegación a la vista de todos.
Otra escena de pesadilla: Rosa Inés va al atardecer hacia una chacra vecina para pedir ayuda, pero queda atrapada en medio de una manada de vacas.
La ley está ausente. Muchas veces se la alude en la forma de abogados que se van a quedar con todo, el delegado que está ausente porque es carnaval, las coimas que hay que pagar.
Los hijos y ella misma son como animales del campo, casi sin conciencia, arrastrados por las circunstancias, a veces inexplicablemente eufóricos, y siempre entregados fatalistamente al destino. Que, a su vez, no deja de parecer absurdo, ilógico.

* “La inundación”
Un desastre natural “animaliza” a la gente.
La música purifica las anteriores profanaciones de las obras de arte.
Termina sin ninguna esperanza, con la seguridad de nuevas lluvias, quizás interminables.

* “Sábado de gloria”
Tal vez el más kafkiano de todos. Verdadera nouvelle.
Ojo, la fecha de 1944 como “redacción definitiva” es dudosa, porque hay alusiones al peronismo (las patas en la fuente, las alpargatas). (Avellaneda confirma que es posterior.)
La burocracia enfocada desde adentro. “Comprendió que todo estaba entrelazado por razones que le eran desconocidas...”
Los empleados subalternos quizás son más importantes que los jefes (muy K).
Casi en el medio, hay un extraño collage de fragmentos de Mitre, López, y de Tirano banderas (!!), mezclados.
A. Avellaneda lo analiza muy detalladamente, ver infra.

* “La cosecha”
Don Aparicio quiere cosechar pero una serie de desgracias y contratiempos (“multiforme desastre”) se lo impiden.
También muy K: “Soy veterano, como se dice en la jerga de la fila.”
Cuando le hacen la revisación médica para un trámite (?), le sellan las partes del cuerpo que le van revisando (cf. Foucault).
Algunas alusiones políticas: los peones “Ahora tenían a las autoridades a su favor.”
No hay solución.

* “Marta Riquelme”
Espectacular. El mejor de todos. También es kafkiano, pero de una modernidad inesperada, por sus reflexiones teóricas sobre la escritura, la “textualidad”. Prieto lo relaciona con la dificultad y la relatividad de todo conocimiento.
Habría que escribir algo más extenso.

* “Examen sin conciencia”
Sería reiterativa la calificación de kafkiano. Un tipo —Cireneo Suárez— concurre a un hospital a visitar a su jefe y es sometido a una operación quirúrgica de prepo. Hay un humor empañado por la truculencia y la sordidez.
Acá, el hospital es metáfora de la ciudad (y de todo el país), como la iglesia de “La inundación”, la dependencia oficial de “Sábado...”, la estancia La Magnolia en “Marta...”, el Hotel Bisiesto en el cuento siguiente, y el ómnibus de “Crimen sin recompensa”. El hospital ha sido “tomado” por fuerzas de ocupación (es el Estado, según Sebreli: el anarquismo de ME coincide sospechosamente con el liberalismo), etc.
Otra vez aparecen las jergas y los nombres ridículos de calles y militares.

* “Juan Florido, padre e hijo, minervistas”
Algo ya hay dicho. Pero éste es el más truculento de todos. El conventillo es metáfora del país, sin duda, pero hay casi un regodeo en la inmundicia: el cadáver hediondo, el feto en el frasco, excrementos, olores, personajes freaks, promiscuidad (connotada negativamente), etc.

* “La tos”
Un “síntoma” que de físico se transforma en psíquico, espiritual, moral, etc. Sólo se derrumba lo que ya no estaba en pie. La urna con las cenizas del padre de Rauch recuerda al feto del cuento anterior.

* “La escalera”
Otro conventillo como metáfora del país: “Se odiaban entre sí, pero amaban a los animales.” Variante apenas light de “Juan Florido...”

* “Abel Cainus”
Un inmigrante rumano que asesinó a un prestamista, como Raskolnikov, y quiere ser castigado (ídem). Vive en una pensión, apreciado por todos. Cuando recibe un excelente nombramiento, se suicida.

* “Por favor, doctor, sálveme usted”
Muy extraño: o no tiene final o yo no lo entiendo. Una esposa engañada concurre al despacho de un abogado amigo de la familia para que la represente en el juicio de divorcio.

* “La explosión”
Explota una caldera nueva en una fábrica; mata a tres obreros. El ingeniero Blas Brass (?) se siente culpable y tiene un extraño sueño en el que su madre lo “ayuda” a desembarazarse de sus culpas. Despierta.

* “Preludio y fuga”
Otro hospital, aunque menos pesadillesco. Nicéforo Gómez es un chanta que se hace querer por todo el mundo y finalmente se fuga con una monja.

* “La virgen de las palomas”
Flojo. Una chica tiene una enfermedad rara, en la piel (como la “peronitis” de ME, ¿habrá una clave?). Nadie acierta con el diagnóstico, hasta que un médico carismático parece que lo logra. Pero ella se muere súbitamente.

* “Florisel y Rudolph”
Historia medieval ¿irónica? sobre un amor totalmente puro entre un príncipe y una princesa. “¡Gloriosa edad de candidez, abstinencia y poesía!” Sólo juegan al ajedrez...

* “Las manos”
Muy interesante. Casi no cuenta nada. Más bien describe el cuadro de una anciana madre, en el que las manos están fotogenizadas, “realizadas conforme a una veracidad de orden espiritual más que realista”. El dibujo era “no fotográfico, pero sí veraz”. “... era como interpretábamos que fuera más que como era a nuestra contemplación”. Pero también es “... una figura fiel que no representaba toda la verdad”.

* “Función de ilusionismo”
Sólo extraño. Un tipo va a un espectáculo de magia y pierde el sentido de la realidad, el tiempo, la ubicación, etc.

* “No me olvides”
Prieto dice que es autobiográfico (Sebreli también): verlo. Un escritor que se llama Eduardo Martínez está sumido en el fracaso, luego de haber conocido un gran éxito. Al escribir un folleto titulado “Estamos en la maroma” (!?), todos le dan la espalda.
“... existe un destino contra el que es inútil luchar.”
“No estoy en condiciones de separar lo cierto de lo imaginario, el sueño de la realidad, lo verdadero de lo falso.”
“Comprendí que ser escritor es no ser nada...”
“... acaso la verdad de mis relatos me había perdido.”
Le ofrecen un empleo humillante —y anacrónico— como mayoral de tranvía (recuerda lo que le pasó a Borges con el peronismo): “Estamos volviendo al pasado... Tendrá que decidirse por la derecha o por la izquierda.”

* “Un crimen sin recompensa”
También extraño pero más eficaz. Transcurre en un ómnibus surrealista, que tiene bar y peluquería. Hay un prófugo y a todos les gustaría encontrarlo para cobrar la recompensa. En medio de una situación política totalitaria de opereta (en el Estado —ficticio— de Calcutará...): “a la caída del gobierno provisional revolucionario que se mantuvo en el poder veinticinco años”.
El ómnibus recuerda al barco de Los premios: “Había pasajeros de toda condición y conducta, y era sensible la división entre la población humilde e ignorante y la docta y señorial, por el porte y el atavío.”

(1996)