21.10.09

After coffee

El Caudillo solía leer las sentencias de muerte después de comer, a la hora del café, muchas veces acompañado de su asesor espiritual, el capellán José María Bulart. Franco procedía a anotar en los expedientes una «E» de enterado (que significaba ejecución de la sentencia), una «C» de conmutado (para los casos en que en la sentencia aparecía un «ojo» de algún capitán general o capitoste del régimen) o una acotación manuscrita de «garrote y prensa» (para los casos que debían tener un efecto-demostración). Tras el café, Martínez Fuset pasaba el tanto a los capitanes generales y éstos al gobernador militar, quien designaba juez para la notificación de la sentencia y ejecución de la pena. Luego, el gobernador militar enviaba un telegrama al director de la prisión con la relación de presos que debían ser ejecutados. Esta relación solía ser leída en voz alta, en las galerías, y algunos funcionarios encontraban satisfacción personal en pronunciar los nombres muy comunes, como José o Juan, hacer una larga pausa para mantener la tensión del auditorio y, luego, pronunciar silabeando el apellido del condenado. En la cárcel de mujeres de Amorebieta lo hacían las monjas oblatas.

(ídem)