2.10.09

Los dos proyectos de Frankfurt

por Maximiliano Tomás para Perfil

Y llegó Frankfurt, nomás. La feria del libro más grande del mundo se realizará entre el 14 y el 18 de octubre, y el Gobierno nacional y el porteño terminaron de definir sus actividades de cara a 2010, cuando a la Argentina le toque ser el país invitado de honor. Y pese a lo que algunos vaticinaban, no hubo conciliación, y cada uno irá por su lado, con stand propio y agenda propia, es decir, con ideas antagónicas. ¿Habrá que decirlo una vez más? La feria de Frankfurt no tiene nada que ver con la de Buenos Aires. La argentina tiene en su centro de interés al lector (o al consumidor de libros); la alemana es la cita anual donde editores y agentes definen y negocian sus futuros planes de edición: es decir, se trata de un lugar donde se ofertan, se venden y se compran derechos de publicación desde y hacia todo el mundo. El lector importa poco, y salvo los dos o tres autores importantes (Günter Grass, Gao Xingjian) que suelen viajar y actúan como conferencistas, los escritores terminan perdidos, dando vueltas alrededor de pabellones desmesurados, buscando algún interlocutor.
Luego del pequeño escándalo desatado en vistas a 2010 (sobre la utilización de las imágenes de Gardel, Maradona, el Che Guevara, Evita, Borges y Cortázar como representaciones mentales de lo argentino en el mundo, idea que sigue en pie para ocupar el pabellón argentino del año que viene), el Gobierno nacional, a través del comité organizador, definió su serie de actividades, para lo cual convocó a un extenso plantel de escritores y periodistas (casi en su totalidad afines a sus intereses ideológicos): José Pablo Feinmann, Mempo Giardinelli, María Rosa Lojo, Osvaldo Bayer, Mario Goloboff, Guillermo Martínez, Claudia Piñeiro y cronistas de diversos medios, de Télam a Clarín, que moderarán mesas sobre la relación entre la literatura y el teatro, o la política, o con temas como “civilización y barbarie”. Y ofreció su stand para que 45 editores –los verdaderos protagonistas del encuentro–, buena parte de ellos invitados por el Instituto Goethe (Luis Chitarroni, Damián Tabarovsky y Leonora Djament, entre otros) lleven a cabo sus reuniones. “Este año invitamos a escritores para hablar del país y nuestra historia, con Mempo Giardinelli, elegido por nuestra presidenta, como figura principal. Pero el que viene tendremos otros 60 invitados”, adelantó por teléfono Magdalena Faillace, la responsable del comité organizador para Frankfurt del Gobierno nacional.
Del otro lado del pasillo (justo enfrente, a decir verdad) estará el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad, con Hernán Lombardi como responsable. El Gobierno porteño tiene también su agenda propia, e intereses contrapuestos: un poco más orientado al oficio de editar, hará también presentaciones de libros pero se centrará en mesas sobre la Ciudad, las librerías, los sellos y la venta de derechos de autor, esto último a través del intenso trabajo de Gabriela Adamo, de la fundación TYPA, que es la que se encargó de crear un panorama actual de obras y autores argentinos disponibles para ser traducidos al alemán. Lombardi tiene, además, un as en la manga: prepara una lista de diez escritores argentinos (ninguno de los elegidos por Faillace) que viajarán entre diciembre de 2009 y octubre de 2010 a Alemania y Austria a presentar sus obras y, sobre todo, aprovechará Frankfurt para difundir el programa de Buenos Aires Capital Mundial del Libro 2011, que es lo que en verdad le interesa. Dos planes, dos ideas, dos maneras de entender la cultura. ¿Cuál saldrá mejor?

(Me llama la atención que, amén de cierto tono irónico, Tomás no abunde en un análisis más crítico. ¿De qué lado habrá quedado?)