6.10.09

Contraseñas

Las difíciles contraseñas que la milicia utilizaba en esa época constituían otra fuente de peligros. Se trataba de complicadas consignas dobles en las cuales era necesario responder a una palabra con otra. Por lo general tenían un acento afirmativo y revolucionario, tal como cultura—progreso, o seremos—invencibles, y a menudo resultaba imposible conseguir que los centinelas analfabetos recordaran estas palabras altisonantes. Recuerdo que una noche la contraseña era Cataluña—heroica, y un joven campesino de rostro redondo, llamado Jaime Doménech, se me acercó, muy desconcertado, y me pidió que le explicara:
—Heroica... ¿Qué quiere decir heroica?
Le expliqué que era sinónimo de valiente. Poco después avanzaba tropezando por la trinchera a oscuras cuando el centinela le gritó:
—¡Alto! ¡Cataluña!
—¡Valiente! —respondió Jaime, seguro de recordar la palabra exacta.
—¡Bang!
Afortunadamente, el centinela erró. En esta guerra, todo el mundo le erraba a todo el mundo, siempre que fuera humanamente posible.

(Orwell, Homenaje a Cataluña)