6.2.05

Torturas

Leyendo el atroz capítulo sobre las torturas, del libro de Fanon, me acuerdo de lo que me contó un escritor al que conocí una vez, hace mucho. Durante los primeros tiempos de la dictadura, estuvo preso en una comisaría de su ciudad natal, de provincias. Pasaba días enteros colgado de brazos y piernas. Junto con otros presos, rezaban para que los vinieran a torturar policías provinciales, porque éstos, carentes de toda técnica y refinamiento, se limitaban a golpearlos hasta que se desmayaban. Pero, de vez en cuando, llegaban torturadores de la Capital (seguramente, de esos que fueron entrenados por franceses con experiencia en Argelia; o norteamericanos con experiencia en cualquier parte), que los sometían a sesiones mucho más largas y terribles. Además, sabiendo que se trataba de un "intelectual", mientras lo torturaban, no sólo le hablaban de política, sino también de literatura, con datos muy precisos, por ejemplo la conversión de Vargas Llosa, etc. El mensaje era claro: "No estás en manos de cualquiera, somos especialistas y sabemos perfectamente lo que hacemos." Y más: "Somos como vos, somos superiores a vos, somos Dios para vos."
Este relato me estremecía, claro. Pero también lo que me contaba después. Ahora vivía en Buenos Aires y, cuando volvía de vez en cuando a su ciudad, solía cruzarse con alguno de los policías de la provincia que lo habían torturado: "¿Te estás portando bien, Fulanito?", le preguntaban al pasar, bonachones.
¿Dónde habrán ido a parar los otros torturadores, los expertos? ¿Dónde estarán hablando de literatura ahora?