30.8.05

Utopías

Dicen que se acabaron las utopías. O, por lo menos, las de “izquierda”. Que, de hecho, la utopía es inalcanzable, imposible, sospechosa: como mejor, un horizonte de deseos; como peor, una coartada para la violencia.
Sin embargo, pocos parecen reparar en que, en los últimos años, se ha realizado una utopía, la del neoliberalismo. ¿Cuántos se tomaron en serio, en su momento, el Consenso de Washington? ¿Cuántos se imaginaron, en los sesenta y primeros setenta, que habría cada vez más pobres, o que la brecha entre ricos y pobres sería cada vez mayor?, ¿que los hombres estarían luchando, no por dejar de ser explotados por otros hombres, sino precisamente para ser explotados, es decir, pidiendo trabajo, cualquier trabajo, el peor, por favor? ¿Quién se hubiera imaginado (salvo desde la ciencia ficción) que la humanidad estaría al borde de la diferenciación biológico-social entre dos especies nuevas? Pero alguien lo imaginó; y alguien lo realizó; y alguien lo disfruta.
Sí, las utopías se realizan. Algunas, al menos. Entonces, ¿por qué no otras?