19.1.05

Mitos relativos

- Felipe Pigna, Los mitos de la historia argentina. La construcción de un pasado como justificación del presente, Buenos Aires, Norma, 2004.

No me gusta nada criticar a Felipe, a su libro, porque se le notan las “buenas intenciones”: la denuncia de los poderosos o del “poder”, la proclama de un país más justo, basado en subsanar los errores del pasado, para lo cual hay que conocer éste, el consiguiente afán desmitificatorio, etc. Todo, muy difícil de no compartir.
Tampoco me gustaría coincidir con algunas críticas aviesas, especialmente la de Romerito. (Recuerdo que, cuando cursé con éste Historia Argentina, allá por el glorioso año de 1986, teníamos como bibliografía obligatoria, y loada, una muy floja biografía de Rosas, de John Lynch. El tipo usaba el Facundo como fuente documental, sin las necesarias aclaraciones, y llamaba “grupo de tareas” a la Mazorca, en un craso anacronismo que es uno de los puntos más fuertes, y quizás más convincentes, de la crítica de Romero a Pigna. Pero parece que Lynch estaba autorizado a ello; o es que se trataba de Rosas, y contra Rosas todo vale. Ya volveré sobre el tema Rosas.)
Sin embargo, al leer el libro, mis sensaciones fueron siempre contradictorias. Primero que nada, ¿contra quién se pelea Pigna? Los “manuales escolares” hace mil años que no dicen lo que él dice que dicen. Los profesores secundarios (cuando logran que no los caguen a palos ni los violen) hace mucho que enseñan exactamente lo que él cuenta en el libro… Se queja contra la erección de estatuas, pero él también piensa en términos de héroes y villanos y, por ahora, son más o menos los de siempre: Moreno, Castelli, Belgrano, San Martín, entre los primeros; Sobremonte, Cisneros, Saavedra, Alvear entre los segundos. No veo la innovación. (A veces usa fuentes de segunda mano, y encima esa segunda mano ¡es Levene!)
Vamos a ver cómo se las arregla cuando llegue a la época de Rosas. ¿Se animará a criticarlo o seguirá los pasos del inefable Pacho? Porque los “federales” contemporáneos no han simpatizado mucho que digamos con la línea Mayo-Moreno-Castelli, etc., y son más bien admiradores de la Colonia hispánica. (Ah, otro de los villanos, aunque secundario, es Rivadavia; quizás esto dé alguna pista de cómo sigue el cuentito.)
No hay tanta necesidad de insistir sobre el tema de que a Moreno lo asesinaron; difícilmente se sepa alguna vez la verdad, pero es obvia a otro nivel. Y todo el mundo lo sabe o cree saberlo. Es bueno aclarar, sin embargo, que Pigna no da como indicio (sólo lo sugiere) el que hayan tirado su cadáver al agua, práctica inevitable en alta mar cuando no había manera de refrigerar. Y tampoco me parece tan grave que lo use como metáfora o prefiguración de hechos similares, más recientes; el error, quizás grave, es que a los desaparecidos de la década del setenta no los tiraban ya muertos…
Una de las partes más interesantes es la referida a Túpac Amaru, que no es tan conocida y tiene además la ventaja de ampliar el foco y contextualizar mejor los hechos de Mayo.
Un párrafo aparte para la escritura. Mejora por momentos pero alarma por una simpleza que a mí me parece excesiva. No me parece que haya que seguir los pasos del barroco Halperín Donghi (ni es fácil hacerlo), pero hubiera sido exigible algo más de cuidado. El hecho de que utilice coloquialismos y lunfardo puede contabilizarse a favor o en contra (a mí no me gusta), pero por lo menos es un rasgo de estilo; y no deja de reflejar a nivel formal la antedicha tendencia al anacronismo.
¿Por qué puede tener éxito un libro así? No quiero especular. Parece que está de moda otra vez la investigación sobre el “ser nacional”. O quizás las conspiraciones (como en El código da Vinci). Y si hay algo que se presta a la mirada conspirativa es la historia; la nacional y cualquier otra, no nos creamos tan únicos.