15.3.05

Plata derramada

(Tal como prometí, hago un comentario detallado del artículo-defensa de Piglia en Radar del domingo. Espero que nadie se ofenda, pero me pareció que merecía alguna discusión, por lo menos. No está en debate la altura literaria del sujeto, mucho menos el abismo entre él y quien escribe. Pero todos tenemos derecho de pensar, ¿o no?)

- “La rivalidad entre escritores y las sórdidas luchas por los premios literarios ya la narró Borges en 'El Aleph'. Lo increíble es que ahora esa historia se ha repetido en la realidad. En esta nueva versión, Carlos Argentino Daneri, el típico escritor arribista retratado por Borges, es quien ha perdido el concurso y como un maniático se ha dedicado a denunciar al que ganó y a denigrarlo.”

Si Gustavo Nielsen es Daneri, ¿Piglia pasa a ser Borges? También podría haber hecho una alusión a “La intrusa”, en la que los personajes se llaman Nilsen... En lo de “escritor arribista”, ya hay material para otro juicio. Nielsen no es Daneri, por supuesto, pero tampoco estuvo en juego su calidad literaria.


- “Que la Justicia haya perdido su tiempo en una ridícula rencilla literaria me parece un simpático signo de los tiempos que corren.”

No necesariamente una “rencilla literaria”, si se tratara de ello, implica que no haya un delito. Es reducir o desviar el verdadero foco de la situación. “Los tiempos que corren” es un desafortunado lugar común que revela, más que las falacias, hasta qué punto Piglia está afectado por esto (lo cual es totalmente entendible). Faltaba que gritara, como Fabio Alberti, “¿Qué nos pasa a los argentinos?”.


- “Sabemos desde Kafka que la clave de un proceso es que cualquier cosa que diga el acusado parece una justificación o una coartada.”

Otra referencia literaria (es de esperarse en Piglia); pero con ese criterio nadie podría defender sus derechos en la Justicia, acusando a otro. ¿Los acusados resultan ser todos inocentes? Puede ser, si “todo preso es político”. Pero, mientras tanto, confío en la Justicia para hacer mis contratos y cobrar mis derechos de autor. Y que K fuera inocente no prueba que Piglia también lo sea.


- “Por eso, cuando hace unos días el fallo del tribunal se hizo público, pensé que lo mejor era no decir nada, pero la dimensión que ha tomado el asunto me ha decidido a intervenir. Las líneas que siguen son un intento de esclarecer –en lo posible– la lógica que ha regido la misteriosa serie de hechos literarios que me ha llevado casi a la página policial de los diarios.”

El problema es que el fallo no se hizo público en su totalidad, entonces los retazos conocidos se pueden manipular a piacere. E insiste en que se trata de “hechos literarios”.


- “Como el personaje de Borges, el nuevo Carlos Argentino Daneri piensa que la justicia literaria sólo es justa si es él quien gana el concurso, porque cualquier otro resultado es prueba de una manipulación y de un fraude.”

Nadie puede saber lo que Nielsen “piensa” (esto también es injurioso). Y no se trató de eso el juicio. De hecho, si el primer premio fue fraudulento, la novela de Nielsen, como segunda finalista, tendría que haber ganado, como en cualquier torneo o ránking donde, por ejemplo, se descubre que el que va primero dio un dóping positivo. No siempre los partidos se “ganan en la cancha”, porque se pueden ganar mal y ser anulados.


- “Denunció entonces que, contra las posibilidades de todos los participantes y aparte de mis posibles méritos, de antemano se había decidido que yo iba a ser el ganador del concurso de novelas organizado por la editorial Planeta en 1997. Según esa insinuación, Augusto Roa Bastos, Mario Benedetti, Tomás Eloy Martínez y María Esther de Miguel –que formaron parte del jurado y premiaron mi novela por unanimidad– se habrían dejado manipular por la editorial. Pero como esa presunción es irracional, el jurado jamás aparece mencionado en la acusación y soy yo quien es acusado.”

La presunción no es irracional sino improbable. Y no menciona que había otro jurado, “representante” de la editorial. ¿Qué función cumplía? No hay que ser un detective de novela negra para deducirlo.


- “Su denuncia no sólo desató una ola de rumores y de sospechas sino que sirvió para llevarme a los tribunales y enredarme en un proceso que duró ocho años.”

El acusador no tiene la culpa de la lentitud de la Justicia, a él no le conviene; al contrario, quizás la tenga la defensa, que siempre es la más interesada en dilatar los tiempos procesales. Y en mantener silencio, lo cual alimenta rumores y sospechas.


- “Lo increíble es que la razón que Daneri usó para acusarme se fundó en la lectura delirante de una cláusula del concurso. Según las bases que el fallo cita, la novela 'debía ser inédita, sin haber cedido o prometido respecto de ella los derechos de edición y/o reproducción en cualquier forma con terceros'. Es obvio que el objeto de esa cláusula es proteger al editor de la posibilidad de que un escritor firme con anterioridad un contrato con una editora que no sea Planeta. La cláusula impide que el escritor que gane el concurso pueda publicar luego la novela con otro editor. Aunque parezca imposible, en la interpretación irracional de esa cláusula se fundamentó la denuncia. Daneri insinúa que mi novela Plata quemada estaba contratada porque yo había firmado años atrás un contrato con Planeta por la edición de toda mi obra. Pero mi novela Plata quemada no estaba contratada, no estaba contemplada ni incluida en ese contrato porque todavía no existía, y nunca se firmó un contrato previo al concurso por esa novela.”

Cualquiera que esté en el medio sabe que no hace falta firmar un contrato para que un libro esté comprometido para su publicación en una editorial. De hecho, los “rumores” no los empezó “Daneri”, sino que salieron de la misma editorial (y se reflejaron en una célebre nota de Claudia Acuña), en la que se estaba preparando la novela para editar, antes del final del concurso. (Se habló de pruebas de galera, incluso.)


- “De todos modos –como si esto fuera un relato policial–, vamos a considerar por un momento los hechos tal cual los presenta Daneri. 1. Si la novela ya hubiera estado contratada, eso no garantizaba que pudiera ganar el concurso, ya que esa decisión dependía del jurado.”

Esto sería una ingenuidad si no se tratara de Piglia, pero dejémoslo correr. O no. De hecho, Jorge Herralde (dueño de Anagrama) ha dicho repetidas veces que le sacaron autores (más precisamente, una autora) tentándolos con promesas de un premio grande; como la “promesa” se cumplió, es fácil rastrear de quién se trata.


- “2. Si la novela ya hubiera estado contratada por la editorial que organizaba el concurso, ese hecho no hubiera alterado ninguna de las bases del premio, ya que la cláusula impedía el contrato con terceros (como cita el mismo fallo), esto es, con otra editorial.”

¿Quién se vuelve leguleyo ahora? Además, si no me equivoco, se trataba de “otra editorial”, porque era Seix Barral. Aunque se trate del mismo “grupo”. A veces, publicar en una gran multinacional puede tener sus desventajas también.


- “La suposición de que Plata quemada ya estaba contratada generó un desdoblamiento que podríamos considerar típico de un cuento de fantasmas de Henry James. Sucede que en el razonamiento de Daneri yo aparezco presentando al concurso dos novelas distintas.”

Esto no es así, jamás se habló de dos novelas.


- “Permítanme hacer un poco de historia. Terminé de escribir la novela a fines de julio y la presenté el 20 de agosto, mucho tiempo antes de la terminación del plazo del concurso (el manuscrito recibió el número 111 sobre un total de 264 novelas presentadas). La envié con el pseudónimo de Roberto Luminari y con el título de Por amor al arte para proteger mi anonimato y el del libro. Las bases me permitían presentarme con mi nombre, y muchos escritores lo han hecho en ese y en otros concursos anteriores. Pero si usé un pseudónimo y la presenté con un título distinto fue porque pensé que podía no ganar el concurso.”

Epa. Como especialista en policial, Piglia debería saber que el criminal deja pistas falsas todo el tiempo. Precisamente, pudo usar un seudónimo para poder alegar eso mismo si había problemas. ¿O Planeta no tiene abogados?


- “No soy Daneri, no pienso que deba ganar cualquier concurso al que me presente. Como pensé que era posible que no ganara el concurso y que mi novela podía quedar entre los finalistas, preferí (como han hecho antes que yo muchos otros escritores) que mi nombre y el título de mi libro no aparecieran en las listas que se dan a conocer antes del fallo.”

Esto último me suena a lo único coherente (y humilde) de todo el texto.


- “Esta decisión fue presentada por Daneri como una prueba de mi culpabilidad.”

No importa tanto qué pruebas presente “Daneri”, sino cuál acepta la “Justicia”. Puede ser una prueba, puede ser un cúmulo de indicios que, juntos, refuercen una convicción. Sin el fallo completo, es difícil saberlo.


- “Cito del fallo: 'De todas maneras, [María Esther] De Miguel conoció la identidad del autor de Plata quemada por aparecer un personaje reiterado en las obras de Piglia (Emilio Renzi), circunstancia que comunicó a la editorial organizadora, mas las condiciones no se modificaron respecto a la preselección efectuada por lectores amigos o especializados'. No entiendo la sintaxis de ese párrafo, ni de qué soy acusado. Desde luego, esto sólo prueba que los jurados no sabían que había una novela mía en el concurso y la leyeron igual que a cualquier otra, y sólo lo supieron gracias al conocimiento literario de uno de ellos que le permitió identificar a mi personaje.”

- Evidentemente, esto es contradictorio. No importa tanto cómo se enteraron de que había una novela de Piglia en el concurso, lo que importa es que lo supieron, antes o después de leer la novela. (Lo que ya es una presión para ellos, por otra parte. Suele recordarse que una vez Graham Greene se presentó en secreto a un concurso llamado “Graham Greene” y, para oprobio del jurado, salió tercero.) Y cualquiera identifica a Emilio Renzi, lo que pasa es que De Miguel lo dijo en un reportaje, con su aire ingenuo; los demás se hicieron los giles.


- “Pero las confusiones kafkianas no terminan ahí. Me permito citar otro párrafo del fallo: 'También viene a cuento señalar que el codemandado Piglia admite que la novela que presentara al concurso Por amor al arte, bajo el pseudónimo de Roberto Luminari, corresponde al título que después fue cambiado, supuestamente con anterioridad a la edición, aunque para ser exacta esta aseveración, debió acreditarse la identidad del contenido entre la novela presentada y Plata Quemada, circunstancia que no ha tenido lugar en tanto no se ha acompañado el texto de la primera de estas obras a fines comparativos'. No entiendo. Parece que había dos novelas distintas. Parece que nadie comprobó que las dos novelas eran una sola. Parece que los escritores del jurado no se dieron cuenta de que habían premiado una novela y que después se había publicado otra distinta.Carlos Argentino Daneri ve fantasmas. Intenta insinuar que Plata quemada fue introducida a último momento en el concurso para sustituir a Por amor al arte y cree que eran dos novelas distintas. Es decir, sugiere que yo gané con una novela pero luego se publicó otra porque la editorial lo quería así.”

Esto no aparece en ningún lado, será porque el fallo no está citado completo o de verdad es muy barroco. Pero bien podría haber ocurrido y los jurados no tienen por qué darse cuenta de eso. Además, ¿qué es “una novela”, o “dos”, o “tres”? Puede haber varias versiones de una misma novela y, de hecho, es usual que haya correcciones (edición le dicen) después del fallo del jurado y antes de la publicación. ¿Qué tiene que ver?


- “Aunque no resuelva el enigma, sería bueno preguntarse cuáles son las razones por las cuales se produjeron estas oscuras y fantasmales sustituciones. La conclusión de Daneri implica el ejercicio simultáneo del resentimiento literario y del anacronismo deliberado. Dice (y cito del fallo) que la editorial se aseguraba así que mi novela 'le diera ganancias con las sucesivas ediciones, la realización de una película, etc.'”

Repito lo que sugería Herralde: muchos premios tiene ese fin, y uno puede elegir mirar para otro lado o discutir la legitimidad de esa práctica concreta de mercado. Pero no hacerse el gil.


- “No hace falta aclarar que en ese momento nadie sabía que tres años después se iba a filmar una película basada en el libro. ¿O Daneri cree que la filmación de una película es el resultado natural de un premio?”

Bueno, aunque no tenga nada que ver, también podríamos hablar de la horrible adaptación cinematográfica de un texto extraordinario. ¿El autor no tiene nada que ver? Puede ser.


- “Y además, ¿quién, salvo Daneri, puede asegurar que toda novela que gane el premio Planeta va a recibir sucesivas ediciones? Estas han sido las razones y los argumentos por los que he sido acusado y calumniado. Más allá de lo que yo pueda decir o explicar, el daño ya está hecho y es irreparable.”

Bueno, no es cuestión de lagrimear. Todos somos acusados y todos somos acusadores, en algún momento de nuestras vidas. Todos recurrimos a la Justicia cuando nos conviene. Quizás hubiera sido mejor encarar el tema de entrada con otros argumentos. Ni Piglia ni Planeta pueden reivindicar el papel de víctimas ante un simple particular como Nielsen (que no es Daneri, bueno es repetirlo). Cualquiera podría haber iniciado el mismo juicio si se sentía perjudicado. Yo mismo creo haber presentado una novela ese año, pero ni loco me habría animado a hacer la denuncia, justamente por miedo al infinito desprecio que emana de la “defensa” de Piglia (y porque jamás habría creído que la Justicia diera lugar a todo esto). Incluso podría haber sido más escandaloso el primer premio Clarín (el que ganó Pedro Mairal, hijo del abogado de Bioy, uno de los jurados); pero el principal perjudicado, en este caso, no hizo ningún juicio, porque sabía qué había pasado (gracias a los otros dos jurados), pero no podía probarlo (situación típica de novela policial, ¿no?). O prefirió “no sacar los pies del plato”, como sugiere Piglia que debió hacer Nielsen. ¿Un código de omertà? Dejo que me caguen, y alguna vez seré recompensado.


- “Los premios literarios han sido siempre objeto de controversia y de polémica. En un sentido, la literatura argentina empezó con el debate sobre un premio. En el Certamen Literario que se realizó en Montevideo en 1841 con motivo del aniversario de la revolución de mayo, una obra de Juan María Gutiérrez se impuso sobre un texto de José Mármol y esto desató de inmediato una gran controversia en la que varios escritores (entre ellos Alberdi) se opusieron al fallo y hubo debates y discusiones en los diarios. Desde entonces ha habido disidencias y discrepancias por los concursos. Los resultados siempre se pueden discutir, pero hay que ser muy arrogante para imaginar que se comete un delito si una obra nuestra no obtiene el éxito que esperamos. En la literatura argentina las diferencias literarias las han dilucidado siempre los escritores mismos. Todos esperamos que esa tradición persista. ¿O vamos a empezar a llamar a la policía cada vez que alguien no valore lo que escribimos?”

Piglia quiere generalizar lo que es un caso aislado que lo afectó a él, quien no tiene por qué quedar impune. Y reduce otra vez a “diferencias literarias” lo que pudo ser un delito, penal o civil. Repito que Nielsen nunca reivindicó la calidad literaria de su obra ni nada por el estilo; al contrario, siempre elogió Plata quemada (para peor, se llama parecido a su excelente libro de cuentos, Playa quemada, ¿no?). Pero no se trata de eso, y Piglia no lo quiere admitir. De hecho, desde este problema se deja claro en las bases de los premios que hay un jurado de preselección. ¿Por qué antes se daba por supuesto? ¿Éramos todos tan ingenuos de creer que los jurados pueden leer 400-600 novelas? Sí y no. De hecho, participar en un concurso no implica aceptar bases no especificadas, aunque sean de práctica. (Hasta me atrevo a decir que uno no aspira a ganarle a Piglia o a Caparrós, obviamente, sino a que el jurado lea la novela propia y quizás decida publicarla, sin que gane el primer premio...) Será una ingenuidad, estoy de acuerdo, pero en ese caso las víctimas son los ingenuos, no los ganadores de siempre (que sólo a veces son “grandes escritores”).

¿Hace falta aclarar que Piglia me parece uno de nuestros intelectuales más brillantes, y Plata quemada su obra maestra, destinada a ser un clásico, pese a su horrible versión cinematográfica? Pero su actitud fue y es decepcionante. Alguna vez propuso discutir, a propósito de esta controversia, la relación entre literatura y dinero, precisamente una de sus especialidades críticas; pero no lo hizo y ahora está pagando de golpe el precio de ese silencio.