4.7.05

Elefantes

Vi Elephant, de Gus van Sant, y, como me temía, está un poco sobrevalorada. Claro, los posmos suelen compararla con Bowling for Columbine, de Michael Moore, y, como ésta les parece demasiado “políticamente correcta”, tienen que inflar la otra.
(Ver por ejemplo, este desdichado fragmento de Santiago García para El Amante: “Es inevitable comparar este film con Bowling for Columbine, mamarracho dirigido por Michael Moore. Aquel borrador de programa de televisión mal hecho está en las antípodas de esta obra maestra del cine. Ambas toman como punto de partida la misma masacre en un colegio secundario. Van Sant, a quien le importa y conoce la adolescencia, construye con elementos mínimos un retrato profundo, sofisticado y conmovedor de los jóvenes que ese día serán parte de una tragedia. Desde el título (basado en una parábola hindú) la película anuncia que no tiene respuestas, que no se subirá al estrado a juzgar y declarar cuáles son los males de esta sociedad. Las explicaciones de Michael Moore tranquilizan porque muestran un mundo sin matices. En cambio las austeras imágenes de Van Sant y su compleja construcción temporal sacuden al espectador y crean incertidumbre. El final deja sin aliento, y la emoción aparecerá después, cuando las imborrables imágenes de cada uno de los personajes vuelvan a la memoria.”)
Aparte del despropósito inicial (quizás aparente) de comparar dos géneros muy distintos –cosa que ya hizo Punto de Vista con Shoah ¡y La lista de Schindler!, aunque en este caso la ficción perdía por KO-, resulta que las dos películas sobre la masacre del colegio Columbine no son tan distintas.
Por supuesto, formalmente, Elephant es interesante, y hasta original, sobre todo para quien no ha visto mucho cine. Los incesantes travellings con steadycam que van siguiendo a los personajes por los pasillos del colegio hacen que éste parezca un tortuoso laberinto (este recurso lo inauguró, célebremente, Kubrick en The Shining; también las distorsiones temporales, con segmentos que confluyen, se parecen a las de The Killing). Curiosamente, en un momento de su documental, Moore hace algo parecido; claro que luego incluye las terribles tomas de las cámaras de seguridad del colegio, donde se ve parte de la masacre. Esta alternancia entre la reconstrucción y la realidad me parece mucho más impresionante que la versión de Van Sant.
Pero también me llama la atención que se le atribuya a Elephant una dosis de “austeridad” o que se diga que no da respuestas. ¡Si está llena de lugares comunes! El padre borracho al que el hijo tiene que cuidar, el director insensible, las burlas a los freaks o nerds, los videojuegos violentos, la compra de armas por Internet, las chicas bulímicas…
Me parece que lo que pasa aquí es que este tipo de crítica de cinéfilos piensa que “mostrar” es mejor (y distinto, por supuesto) que “decir”; y establece un par implícito/explícito –erróneamente- homólogo al anterior, que jerarquiza el primer término de cada par. Una gran confusión que, por supuesto, deriva de un prejuicio insuperable contra toda forma de realismo. Y el pobre Michael Moore, con sus documentales, por más elaborados que estén, queda de este lado del infierno.