9.7.05

Viñas x Croce (2/3)

Marcela Croce, David Viñas, crítica de la razón polémica: un intelectual argentino heterodoxo entre Contorno y Dios, Buenos Aires, Suricata, 2005, 336 pp.


(Mi técnica de crítica folletinesca me salió por la culata, para decirlo con una metáfora doblemente desafortunada. Obligado por las circunstancias, que siempre son uno mismo, intentaré proseguir y ser menos personal.)


El centro, material y conceptual, del libro parece ser el capítulo 6, “El vocero de las víctimas” (pp. 175 y ss.). Si bien Croce adelanta el tema de la “vocería” en momentos anteriores de su argumentación, es aquí donde la desarrolla a pleno.
Por supuesto, lo que está en juego principalmente es la categoría de intelectual. Se han desarrollado ya las nociones respectivas de Sartre (“intelectual comprometido”) y de Gramsci (“intelectual orgánico”), ahora hay que ver qué pasa con Viñas. En el medio, quizás habría que haber convocado con más detalle a Foucault, pero Croce se resiste, yo diría que por su renuencia (coincide en esto con DV) a apoyarse en modas intelectuales hegemónicas. Sin embargo, el sedicente “arqueólogo” galo supo plantear muy bien las contradicciones o, más bien, los límites inherentes a la postura sartreana. ¿Ser representante, vocero, o como se lo llame, no es ser (postularse) vanguardia esclarecida, faro de las masas, poco menos que la Verdad que habla (y esto último nos remite también a Lacan)? ¿Las masas necesitarían esto? “Marx debía ser necesariamente burgués para analizar con objetividad al proletariado y darle una doctrina”, interpreta Croce a Trotsky, pero el subrayado es mío. Otra definición desplaza el problema sin resolverlo: “¿Qué significa ser vocero? Hablar cuando los otros se callan.” Cierto, pero “hablar” pide aclaraciones: de qué, a quién, por quién, para quién, etc.
Resonancias frankfurtianas tiene también la noción de aporía, que acá debemos reponer. La inevitable, a veces obscena, pregunta: ¿Desde dónde criticar? (¿Criticar la razón desde la razón? ¿Criticar a los intelectuales desde…? Cuestión que va más allá de las sutilezas de acreditación, legitimación, etc., aunque empieza por ellas.)
“La crítica es el ejercicio radical de la vocería y responde a un desprendimiento de la propia clase…” Pero más adelante hay que matizar esa posibilidad de desprenderse (que por otra parte no deja de ser una metáfora): “las determinaciones burguesas no se pueden eliminar totalmente”. Y, por supuesto, “el vocero es un mito de la burguesía”.
Nombré antes a Foucault y ahora se me ocurre Deleuze. A la pregunta ¿desde dónde?, ellos podrían contestar: desde ningún lugar, no hay un lugar; o, más bien, hablo y enseguida me desplazo, mi discurso va dejando huecos en los que yo ya no estoy (y donde ya no puedo ser atacado, claro). O también: en cierto sentido, hablo desde afuera de mí mismo, ya que yo también soy objeto de (mi) crítica, quizás el principal. Esto ya no me parece tan ajeno a Viñas. “Dar la cara”, “poner el cuerpo” (conocidos correlatos de “las manos sucias” sartreanas) son la forma en que Viñas lo expresaría. Con lo cual la pregunta, quizás, se reformula así: ¿hasta dónde? ¿Hasta el “final”? ¿Pero no sería éste un estadio sacrificial? Y entonces el vocero se transformaría en chivo expiatorio y, lo que es peor, dejaría de hablar (por exilio, por muerte, por cansancio).
Quizás como síntoma de estas aporías, “el discurso heterodoxo se vuelve hipertrófico”. “Vñas se excede a tal punto en lo discursivo mediante la intromisión de pronunciamientos ajenos a la literatura que se constituye en el portavoz abarcativo que reclaman no sólo los oprimidos sino también los suprimidos, los que han desaparecido bajo el accionar siniestro del genocidio.”
Es que “Todo silencio –toda pasividad- se revela cómplice…” Entonces hay que seguir hablando. Aunque se corra el riesgo de volverse (de ser considerado) “un viejo que siempre dice lo mismo”. Y ya veremos qué es lo que dice.