6.7.05

Wrong subway

Ayer me pasó algo curioso. En el estado de duermevela que suelo tener durante las mañanas, me subí a un subte, en Primera Junta, que no iba hacia el centro sino en sentido contrario. De pronto, un poco más despierto, me sentí dentro de la película Moebius, o de un cuento de Cortázar. Esto último, sobre todo, porque no estaba completamente solo. En otro vagón había un tipo tan torpe como yo. (Si hubiera sido una chica, la historia habría sido perfecta, pero era solamente la realidad.) Extrañamente, el subte no siguió hacia esos misteriosos talleres que uno adivina en las sombras (aunque en este caso uno sepa que salen a la calle Emilio Mitre). Paró de golpe, quizás porque el conductor se había dado cuenta de la situación; no sé. La cuestión es que nos hizo bajar desde las alturas de los vagones hasta esos precarios senderitos que corren al lado de las vías. El otro desafortunado, frustrado pasajero me hablaba desde atrás, pero yo no le contestaba, como si con esa denegación pudiera dignificar la situación (parecía las hermanas solteronas de Living room, la obra de Graham Greene, que cuando salían del baño no hablaban con nadie durante un rato; qué cita anticuada.) ¡Qué extraño volver hacia los andenes repletos de gente, desde esa parte casi no destinada a seres humanos! Bueno, una banalidad, después de todo.