4.5.04

El guionista de Citizen Kane

(Extraído de Pauline Kael en El libro de El Ciudadano, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1976.)

En su autobiografía, Ben Hecht cuenta que estaba en Nueva York y no tenía un centavo --era probablemente el invierno de 1926-- y que recibió un telegrama de Herman Mankiewicz, desde Hollywood:
¿ACEPTAS TRESCIENTOS DÓLARES POR SEMANA PARA TRABAJAR EN PARAMOUNT PICTURES? TODOS GASTOS PAGOS. LOS TRESCIENTOS NO SON NADA. HAY MILLONES PARA AGARRAR AQUÍ Y TU ÚNICA COMPETENCIA SON LOS IDIOTAS. NO SE LO CUENTES A NADIE.

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Orson Welles no estaba cerca cuando Citizen Kane se escribió, a principios del año 1940. Mankiewicz, dando saltos con una pierna rota y enyesada, fue enviado --para alejarlo de la tentación-- al Guest Ranch de Mrs. Campbell, en Victorville, California, a sesenta y cinco millas (más de cien kilómetros) de Los Ángeles, para escribir el guión. Lo vigilaban una enfermera y una secretaria, y John Houseman se encargaba de hacerlo trabajar; todos vivieron allí unos tres meses; era una combinación de rancho de lujo y casa de reposo, con bebidas alcohólicas prohibidas e inconseguibles, hasta terminar la primera versión de Citizen Kane, que llevó el título tan sencillo como imponente de American.

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La actitud de Mankiewicz hacia sí mismo y su trabajo queda resumida en un cuento de verdad, tan breve como famoso: un amigo que no lo veía hacía tiempo le preguntó --¿Cómo está Sara?
--¿Quién? --Mankiewicz estaba perplejo.
--Sara, tu esposa, Sara.
--Ah, quieres decir La Pobre Sara.

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Hay muchas clases diferentes de sentido del humor, y el que a veces asoma a través de las anécdotas de Mankiewicz es el alma perversa del mismo Kane. Tenemos, por ejemplo, lo que cuenta Ezra Goodman en su libro The Fifty Year Decline and Fall of Hollywood. Hollywood no era a menudo elegante ni correcta, pero el productor Arthur Hornblow, Jr., era famoso por lo finas y distinguidas que eran sus reuniones sociales. En una comida que ofreció a varios notables de Hollywood, Herman Mankiewicz bebió demasiado y vomitó sobre la mesa. “Un silencio mortal descendió sobre los invitados... Mankiewicz lo quebró diciendo: ‘Está bien, Arthur, el vino blanco salió junto con el pescado’.”

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Un hombre que en tales circunstancias podía triunfar sobre su anfitrión era un compañero apropiado para Welles. Los dos comían mucho, hablaban mucho, gastaban mucho y tenían mucho talento; no eran hombres a los que generalmente se llama “de buena conducta y buen carácter”. Querían ganarle a Hearst pero también querían ganarse uno al otro. La única frase religiosa que jamás le haya sido atribuida a Mankiewicz se pronunció, supuestamente, durante la filmación de Citizen Kane: Welles pasaba cerca y Mankiewicz murmuró: “Ahí, por la gracia de Dios, va Dios.”

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En 1947, Ferdinand Lundberg demandó a Orson Welles, Herman J. Mankiewicz y la R.K.O. Radio Pictures, Inc., por 250.000 dólares, por violación de derechos registrados y propiedad intelectual, alegando que Citizen Kane era un plagio de su libro Imperial Hearst. (...) Mankiewicz, en un gesto final de desprecio por la acusación, trajo consigo un inventario de su biblioteca y se lo arrojó a los abogados de la R.K.O., para demostrarles la amplitud y profundidad de su cultura. Era un inventario preparado por Sara unos años antes, cuando habían alquilado su casa de Tower Road por necesidad económica; nadie se había molestado en examinar el inventario, ni siquiera los abogados de la R.K.O. antes de ese momento. Pero los abogados de Lundberg sí lo hicieron; fueron a la letra “L” y allí, bien ubicados bajo el rubro “Lundberg”, figuraban tres ejemplares de Imperial Hearst.