19.5.04

Julio Cortázar, El examen, Buenos Aires, Sudamericana, 1986.

EScrita en 1950, no tenía lectores entonces: no podía tenerlos. (Esto lo dice el mismo Julio, pero es bastante cierto, me parece.) Sólo podía ser de publicación póstuma. Por supuesto, todo lo contrario de Rayuela. Ojo: es el mismo año de Bestiario, y habría que ver si no es una combinación (curiosa por lo prematura y por lo nunca intentada después) de la temática de los cuentos y de las novelas posteriores, siempre tan divergentes. Porque, aunque JC haya dicho que Rayuela es la filosofía que subyace en sus cuentos, no se puede minimizar tanto el elemento fantástico, que sólo aparece en sus cuentos “clásicos” (salvo “El perseguidor”), jamás en las novelas (apenas en 62). Las novelas son “realistas”, por decirlo de algún modo. (Y, por otra parte, lo fantástico moderno es más propio del cuento: ver.)
Un punto desagradable: el racismo evidente (desde hoy). “Negros”, “negritos”, “achinados”, por todas partes, además de los(las) grasas clásicos de JC. (En este caso, sobre todo, Stella, cuya relación con Andrés prefigura la de Horacio y Gekrepten.) Es como si en ese momento todavía no hubiera estado tan fijado el vocabulario “políticamente incorrecto ”. Por supuesto, esto no lo justifica, sólo permite que se transparente más.
El peronismo es visto como apocalíptico, sin duda, lo que le da cierta grandeza (involuntaria), frente la vulgaridad que habitualmente se le atribuye. Salvo que lo metafísico de todo le quita fuerza específica y concreta (por algo se nombra a don Ezequiel...). El peronismo es, en todo caso, lo argentino (cuasi ahistórico).
Escenas cortazarianas por excelencia: la batalla por el peine en el baño del Colón, el caótico preexamen en la Facultad.
Las charlas intelectuales son las mismas de hasta, por lo menos, Libro de Manuel.
(¿Clara es Aurora B.? Puede. Pincho es Manucho, sin dudas.)
¿Campo intelectual de los cincuenta? Entre Callao y el Obelisco, diría Jitrik; en realidad, hasta el Bajo.